miércoles, 2 de marzo de 2011

BANDERA DE GUERRA DEL RI 4 Y El PADRE VICENTE

La Bandera de Guerra del RI 4 fue protegida y traída de vuelta al Continente por el Padre Vicente Martínez Torrens, fue devuelta a ese Regimiento en un emotivo acto por el Sacerdote a finales del mes de octubre de 1982, en su libro está perfectamente expresada la historia de este acontecimiento, verdaderamente digno de elogiar.
En el moño de la Bandera están los nombres de las Batallas en que participó este Regimiento.
La Madre del Padre Vicente Bordó el de la última Batalla, “MALVINAS”.

El Abanderado forma con el asta sola y para el Padre Vicente fue un Gran Honor reintegrar la Bandera Histórica del Regimiento.
La histórica Bandera del RI 4 está en su lugar.

ROMANCE DE LA BANDERA DE GUERRA DEL RI 4
de Monte Caseros CORRIENTES

Cuando por Puerto Argentino
y todas sus adyacencias
flotaban los humazones
y olor a pólvora negra;
cuando apenas se acallaban
los ayes en las trincheras,
y en los aires no silbaban
los proyectiles de guerra;
cuando ya por agotada
la munición, se ordena
destruir armas y equipos
para que a nadie sirvieran;
cuando sus bocas los Sofma
tremendas al fin silencian,
llorando todos de bronca
no la derrota, impotencia;
cuando las voces de mando
a oírse en ingles empiezan
y los kelpers cual rebaños
de ovejas salen afuera;
cuando en los mástiles se alzan
sabanas blancas que fuerzan
a parlamento y entrega
de cualquier arma de guerra;
entonces llego jadeante
escondiendo la bandera
del Regimiento de Infantes
Cuatro, un sargento en carrera.
Jamás corrió como entonces
Escurriéndose en la niebla
El Sargento Mario Ponce,
Correntino por más señas.
Al fin llego a su destino:
Un cuarto donde lo esperan
Otros hombres que meditan
Como salvar la Bandera.
Allí se entera… y no quiere
ni escuchar lo que cuentan
-¿Cómo es posible salvarla
de un ingles como presea,
arrojándola alas brasas
de la turba en una hoguera?
¡ Por Dios, que quiero me incendien
Envuelto yo todo en ella!
¿No han muerto acaso argentinos
por izarla al tope en estas
Islas? ¿ A que hemos venido?
¿ No hemos nacido en la Tierra
de Corrientes, cuya fama
es haber amamantado
hombres que son una fiera?
¡ Yo no soporto la quemen…
quiero incendiarme con ella!
- Sargento Ponce: aquí viene
El Capitán Farinella!
-Gracias a Dios, porque llega
en esta instancia suprema.
Impuesto fue el Capitán
de lo que allí discutieran;
hombre de mando, al instante
tomo y beso la Bandera.
Quitose la ropa arriba
de la cintura y envuelta
quedo su espalda y su pecho
de armadura tan esbelta.
¡ Jamás hubo un Capitán
que ante sus hombre luciera
mejor que un abanderado
en uniforme de fiesta!
El Capitán de inmediato
pensó en una estragema:
con un medico tramaron
que un soldado la escondiera
bajo un yeso simulando
traumatismo de cadera;
mas no hubo tiempo para eso;
que los ingleses arrecian
y eran todos puro nervio
por sabotaje y peleas.
Entonces fue cuando el Padre
Vicente Martínez ruega
a sus amigos la honra
de ser soldado estafeta.
Instante previo al embarque
El Capitán Farinella
le entrega un bolso arruinado
que anduvo entre las trincheras.
-Padre: aquí la Patria vuelve
hecha jirones su enseña,
pero esta ilesa en el alma
de los que van o se quedan;
llévela hasta el Continente,
como reliquia de Guerra.
-Capitán quede tranquilo;
que si vine a estar en vela,
sin armas en la batalla
asistiendo a los que mueran,
hoy no vuelvo capellán
ni prisionera de guerra;
antes habrán de matarme
que quitarme esta bandera.
¡Juro por Dios y la Patria
que sabré ser una fiera!
¡Deme, por Dios, su pistola
para ser buen centinela!
Así dijo aquel guerrero
que no era el que viniera.
la noche estaba cerrada
entre espantajos de niebla.
Martínez encolumnose
hacia el Yeguin, y en la espera
va ocultando entre ornamentos
el moño, cuja y Bandera.
Cuando llega a embarcarse,
junto al pie de la escalera
hay ingleses que requisan
a ciertos hombres que muestran
una tremenda amargura
y no saben contenerla.
Martínez vuelve a ser cura
y les dice que aquí lleva
medicinas para el alma…
de heridos, muertos, cualquiera
fuera quien necesitara
de sus servicios en guerra…
No durmió el cura Martínez,
sino velo el centinela,
acompañado en la noche
por escuadrones de estrellas,
hasta que en tierra argentina
arrodillose en la arena,
y entre gruesos lagrimones
beso aquella su Bandera.

20 de junio de 1984
Día de la Bandera








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