domingo, 10 de junio de 2012


A 30 AÑOS DE LA MUERTE DE UN HEROE ARGENTINO




10 de Junio de 2012
Por hombres como Cisnero, SOLDADO ARGENTINO se escribe con Mayúsculas.
A 30 años de la muerte de un Héroe argentino
Monte Dos Hermanas... 

"...El regreso a Puerto Argentino fué muy silencioso, cada uno meditaba lo sucedido minutos atrás. 

El cansancio se iba apoderando de ellos, ya que al relajarse las tensiones se desvanecían y se daba lugar al desgaste. 

Nuestro muy dolido Vizoso meditaba más que ninguno sobre la pérdida de su Compañero de Posición Cisnero, quién tan valientemente se había desempeñado en éste y otros Combates, donde se destacaba por sus vastos conocimientos en operaciones de Comando y por el coraje con que manifestaba su amor a la Patria.

Vizoso fue intervenido quirúrgicamente y obligado a volver al Continente. 

Así lo hizo la noche del 13 de Junio, cuando el Aeropuerto fue bombardeado, en el último avión que logró salir de Puerto Argentino.

Los Comandos Argentinos registraron 4 bajas, entre muertos y heridos. 

Entre ellos el muy querido “Perro” Cisnero.

En su cuaderno de notas se encontró lo siguiente 

 “¡No sé rendirme, después de muerto hablaremos! 

Señor te pido que mi cuerpo sepa morir con la sonrisa en los labios, 

¡como murieron tus mártires! 

Quiero ser el Soldado más valiente de mi Ejército, el Argentino más amante de mi Patria. 

Perdóname este orgullo Señor”. 

Todos quisieron ir a rescatar su cuerpo. 

No pudieron. 

Hoy su Tumba no está identificada..."



Extracto del libro: Comandos en Acción

Oración encontrada entre las notas de Cisnero: 

Oh Dios, señor de los que dominan, Guia Supremo que tienes en tus manos las riendas de la vida y la muerte.

Escúchame:

Haz, Señor, que mi alma no vacile en el combate, y mi cuerpo no sienta el temblor del miedo. 

Haz que te sea fiel en la guerra, como lo fui en la paz. 

Haz que el silbido agudo de los proyectiles alegren mi corazón. 

 Haz que mi espíritu no sienta la sed, el hambre, el cansancio y la fatiga, aunque lo sientan mis carnes y mis huesos.

Haz que mi alma, Señor, esté siempre dispuesta al sacrificio y al dolor, que no rehuya, ni en la imaginación siquiera, el primer puesto de combate, la guardia mas dura en la trinchera, la misión más difícil en el ataque. 

Pon destreza en mi mano para que el tiro sea certero, y caridad en mi corazón. 

Haz, por favor, que sea capaz de cumplir lo imposible, que desee morir y vivir al mismo tiempo. 

Morir como tus Santos Apóstoles, como tus Viejos Profetas, para llegar a Ti. 

Señor te pido que mi cuerpo sepa morir con la sonrisa en los labios, como murieron tus mártires.

Te ruego mantengas mi arma en vela y mi oído atento a los ruidos de la noche. 

Te pido por mi guardia constante en el amanecer de cada día y por mis jornadas de sed, hambre, fatiga y dolor. 

Si llegara a cumplir estos anhelos, podrá entónces mi sangre correr con júbilo por los campos de mi Patria, y mi alma subir tranquila a gozarte en el tiempo sin tiempo de la eternidad.

Señor, ayúdame a vivir, y de ser necesario, a morir como un soldado.

Concédeme Oh! Rey de las Victorias, el perdón de la soberbia. 

He querido ser el soldado mas valiente de mi Ejército y el argentino más amante de mi Patria. Perdóname este orgullo, Señor.
Escrito encontrado en la libreta de combate del Sargento Mario Antonio "perro" Cisnero.
Caído en combate en la Gesta de Malvinas en 1982.
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Mario Antonio el "Perro" Cisnero nació en Catamarca el 11 Mayo de 1956.

Ingresó a la ESSC en el año 1972, egresando como Cabo de Infantería en Dic 73. En 1977, hizo el Curso de Formación de Comandos.

A partir de allí se convierte en uno de los instructores más notorios del curso, influyendo decisivamente en la personalidad y el espíritu de muchos de los futuros Comandos de esa especialidad.

Con el grado de Sargento, en la segunda quincena de mayo de 1982, llega a las Islas Malvinas, integrando la Ca Cdo(s) 602.

Muere heroicamente combatiendo contra fuerzas del SAS del Ejército Británico.

Por su perseverancia y fidelidad a sus principios, lo apodaban "Perro".

El Sargento Cisnero es una verdadera leyenda entre los que ostentan con orgullo la aptitud de comando, y un ejemplo para todos los que pertenecen al Arma de Infantería. 

Recibió la condecoración “La Nación Argentina al Muerto en Combate”.

Durante su preparación militar, el Sargento Cisnero cumplió misiones como instructor de comandos en un destacamento militar de la provincia de La Pampa.

Al estallar el conflicto, donó el 50% de su sueldo al Fondo Patriótico y solicitó en reiteradas oportunidades ser trasladado al frente de lucha.

En mayo logra finalmente su traslado. 

Cuando salió de La Pampa les escribió a sus camaradas “...no me entrego prisionero, ganamos o no vuelvo”.

Cuando partió de Buenos Aires hacia el sur, le dijo a su hermano que lo acompañaba “si no vuelvo no me lloren...”.

Su nombre y sus hazañas recogieron toda la admiración de la Patria Sudamericana.

En su honor llevan el nombre de Mario Antonio Cisnero 

la 1° sección de la Compañía de Tropas Especiales de la República de Panamá, 

la Compañía de Comandos “Chorrillos”, en la República de Perú, país en donde fue declarado Héroe Nacional, 

el Hall Histórico de la Compañía de Comandos 601en Campo de Mayo, 

el aula de Instrucción en el Destacamento de Inteligencia 143 en Neuquen, 

el aula de instrucción de Cuadros en el Destacamento de Inteligencia 162 de La Pampa, 

el Casino de Suboficiales de La Pampa, 

entre otros lugares.

USURPACION DE LAS ISLAS MALVINAS


Islas Malvinas (Argentina)
Islas Malvinas (Argentina)

El 6 de noviembre de 1820 David Jewett, comandante de la “Heroína”, tomó posesión de las Islas Malvinas en nombre del gobierno de las Provincias Unidas de Sudamérica, y puso el hecho en conocimiento público mediante una circular. (1)  

Disuelta la unidad nacional, la provincia de Buenos Aires otorgó en 1823 a Jorge Pacheco el usufructo de la isla Soledad o Malvina del Este.  

El mismo año designó al capitán de milicias Pablo Areguatí comandante de las islas. (2)  

En 1828 concedió a Luis Vernet –que había sido el promotor de estas gestiones y era socio de Pacheco- “todos los terrenos que en la isla de la Soledad  resultaren vacos”, con ciertas excepciones y bajo el compromiso de establecer allí una colonia que gozaría del derecho de pesca en todo el archipiélago. (3)  

Y el 10 de junio de 1829, por último, el gobierno de Buenos Aires, presidido entonces por Martín Rodríguez, expedía el decreto disponiendo que “las islas Malvinas, serán regidas por un comandante político y militar”, el cual debía residir en la isla de la Soledad y cuidar en esas costas “la ejecución de los reglamentos sobre pesca de anfibios”. (4)

Los fundamentos de este decreto expresaban que España había tenido la posesión material de esas islas, “Hallándose justificada aquella posesión por el derecho de primer ocupante, por el consentimiento de las principales potencias marítimas de Europa, y por la adyacencia de estas islas al continente que formaba el virreinato de Buenos Aires, de cuyo gobierno dependían.  

Por esta razón, habiendo entrado el gobierno de la República en la sucesión de todos los derechos que tenía sobre estas provincias la antigua metrópoli, y de que gozaban sus virreyes, ha seguido ejerciendo actos de dominio en dichas islas, sus puertos y costas”.

Entretanto, la empresa dirigida por Luis Vernet, nombrado gobernador el mismo día, había iniciado la colonización de las Malvinas.  

Varias expediciones llegaron al archipiélago hasta que Vernet se instaló allí en julio de 1829 y –no sin superar enormes dificultades- logró asentar una población de un centenar de personas. (5)

No hemos de detenernos en recordar el desarrollo y las vicisitudes del establecimiento formado por Vernet con autorización del gobierno argentino.  

Nos interesa más especialmente destacar el proceso que condujo a la usurpación inglesa.

Al conocer el decreto del 10 de junio de 1829, el encargado de negocios de Gran Bretaña, Woodbine Parish, lo comunicó a su gobierno recordando los antecedentes del asunto y los títulos que a su juicio tenía Inglaterra.  

A los pocos meses, debidamente autorizado, presentó al ministro de Negocios Extranjeros Tomás Guido una nota en la cual sostenía “los derechos de soberanía de S. M. B. sobre las islas.  

Estos derechos –continuaba diciendo la nota- fundados en el primer descubrimiento y subsiguiente ocupación de dichas islas, fueron sancionados por la restauración del establecimiento británico por S. M. C. en el año 1771….  

El retiro de las fuerzas de S. M. en el año 1774 no puede considerarse como una renuncia a los justos derechos de S. M.”.

La nota concluía protestando formalmente contra las pretensiones argentinas y contra todo acto que perjudicara los “derechos de Soberanía que hasta ahora ha ejercitado la corona de Gran Bretaña”. (6)

Pero lo que esa nota calla cuidadosamente es la ocupación simultánea hasta 1774 y exclusiva de España desde entonces, los tratados de 1670 en adelante, y sobre todo el convenio de 1790 que cerró las costas del Atlántico sud a toda instalación inglesa.  

La nota de Parish –elaborada en Londres- vale más por lo que no dice que por su contenido expreso, y debe juzgarse más por esa ocultación deliberada de circunstancias y de razones que por su osadía manifiesta en pretender una soberanía sin título alguno y una posesión carente de efectividad.

Sostener que Inglaterra había ejercido “hasta ahora” esos derechos, después de 55 años de abandono y de silencio, era una adulteración tan manifiesta de la verdad que sólo podía considerarse una burda ironía, apoyada en la fuerza del imperio más poderoso del mundo en aquel entonces.

Pero debe recordarse que pocos años antes de esa protesta, el 2 de febrero de 1825, Inglaterra había firmado con la Argentina el tratado de amistad y comercio mediante el cual reconoció la independencia de la nueva nación y, naturalmente, la existencia de un ámbito territorial propio de ella.  

Dentro de ese territorio estaban las Malvinas, de las cuales había tomado posesión en 1820, y ejercido otros actos de soberanía incluyendo el nombramiento y la instalación de autoridades.

La nota de Parish fue contestada de inmediato por el ministro Guido prometiendo estudiar la reclamación. (7)  

Pero el gobierno argentino, urgido por otros asuntos, no alcanzó a responder ni Parish insistió en conseguir una respuesta que iba a ser necesariamente negativa, puesto que los hechos señalaban la inequívoca voluntad de mantener la colonia ya fundada por Vernet.

El gobernador de las Malvinas, en efecto, seguía ejerciendo su cargo y haciendo progresar el establecimiento de Puerto Soledad: 

Cansado de ver que los balleneros destruían los recursos naturales de las islas, y dispuesto a imponer su autoridad, en agosto de 1831 arrestó a tres buques norteamericanos.  

En uno de ellos, el “Harriet”, volvió a Buenos Aires para someterlo al tribunal de presas.  Intervino entonces el cónsul de los Estados Unidos, George W. Slacum, quien desconoció el derecho argentino a reglamentar la pesca en las Malvinas y logró convencer al comandante de la corbeta “Lexington” que debía defender con energía los intereses de los pescadores de su nación.  

Ese barco, al mando de Silas Duncan, se dirigió inmediatamente a Puerto Soledad, a donde llegó el 28 de diciembre de 1831 enarbolando bandera francesa.  

Sólo después de anclar levantó su propio pabellón, e inmediatamente Duncan se dedicó a destruir cuantos bienes existían en el establecimiento, trayendo presos a los principales pobladores. (8)

Este acto de piratería, sin justificativo alguno y llevado a cabo de la manera más violenta y abusiva, provocó la protesta y las reclamaciones del gobierno argentino.  Los Estados Unidos, sin embargo, no quisieron reconocer su error.  

Y aunque esas protestas fueron renovadas en 1841 y en 1884, nunca se dieron las debidas satisfacciones ni la indemnización correspondiente a los daños ocasionados.  

No puede dejarse de recordar, con relación a este episodio, que si bien el gobierno norteamericano no quiso admitir los argumentos argentinos, la Corte Federal de Massachusetts resolvió que los actos de Silas Duncan eran ilegítimos.  

En un litigio en el cual se había invocado el incidente de la “Lexington”, esa corte resolvió “that such officer had no right, without express direction from his Government, to enter the territoriality of a country in peace with the United States and seize property found there, claimed by citizens of the United States”. (9)

Las Malvinas volvieron entonces a adquirir notoriedad internacional.  

Ya hacía tres años que el gobierno inglés les dedicaba una creciente atención, estimulada por los informes de Parish y por quienes sostenían la necesidad de contar con un puerto de escala en la ruta a Australia, cuya colonización estaba entonces en pleno desarrollo. (10)  

Pero el gabinete británico no se animaba a tomar una decisión sin fundamento, y se limitó a presentar la nota de Parish.  

Sin embargo, este último llegó de regreso a Londres a principios de 1832, con la noticia del atropello norteamericano y de que ya no existían autoridades argentinas en las islas.  

Estas razones, y tal vez la creencia de que los Estados Unidos podrían intentar su ocupación, decidieron el envío de una pequeña flotilla.

El capitán John James Onslow, al mando de la corbeta “Clío”, recibió instrucciones de dirigirse a Port Egmont y de restablecer allí el fuerte abandonado en 1774.  En caso de encontrar fuerzas extranjeras inferiores a las suyas debía desalojarlas, empleando la violencia en caso necesario.  

Pero si esas fuerzas eran superiores, se limitaría a presentar una protesta que contenía también una amenaza. (11)

Onslow no se ajustó a esas instrucciones, o bien recibió otras que las contradecían y que permanecieron en secreto.  

A fines de diciembre de 1832 llegó a Port Egmont, e inmediatamente, siguió rumbo a Puerto Soledad, anclando allí el 2 de enero del siguiente año.  

En el lugar estaba la goleta “Sarandí” a las órdenes de José María Pinedo, a quien Onslow hizo saber que estaba encargado de afirmar los derechos soberanos de Inglaterra. (12)  

Al día siguiente la bandera argentina era entregada a bordo de la “Sarandí” por un oficial inglés, y poco después Pinedo –ante la superioridad de las fuerzas británicas- dejaba Puerto Soledad. (13)

La “Clío” sólo quedó unos pocos días en las Malvinas, y dejó a su población en el mayor desamparo y anarquía.  

Pero un año después, el 9 de enero de 1834, el “Challenger” traía al primer gobernador inglés, Henry Smith, que iniciaba así la ocupación de las islas usurpadas. (14)

Debe señalarse, ante todo, que Inglaterra se instaló en el mismo lugar que había sido poblado sucesivamente por los franceses, los españoles y los argentinos, pero que nunca había estado bajo el dominio inglés.  

Si alguna pretensión podía sustentar Gran Bretaña, ella se limitaba a Port Egmont, ubicado en el otro extremo del archipiélago.  

Esta circunstancia tan importante revela que el gobierno británico procedía con absoluto desprecio por el aspecto jurídico de la cuestión, y con el deseo manifiesto de realizar un acto de fuerza, sabiendo que la Argentina no estaba en condiciones de oponerse y de afrontar ese poder enormemente superior.

La segunda instalación inglesa en las Malvinas fue un despojo realizado gracias a esa superioridad.  

La expulsión de las autoridades argentinas legítimas ni siquiera fue precedida de un aviso o de un ultimátum enviado al gobierno de Buenos Aires.  

Inglaterra no quería que sus derechos –o sus pretendidos derechos- fueran objeto de una discusión diplomática.  Usaba la fuerza, como antes –en 1766- había usado del secreto y de la clandestinidad.  (15)

La llegada de Pinedo a Buenos Aires produjo naturalmente una honda conmoción en el sentimiento público, y dio origen a la inmediata protesta del gobierno argentino. (16)  El encargado de negocios, que era Philip G. Gore, contestó al día siguiente que no tenía instrucciones de Londres.  

Entonces Manuel Vicente de Maza resolvió plantear el asunto directamente en Inglaterra, para lo cual comisionó al ministro plenipotenciario Manuel Moreno, encargándole la presentación de una formal protesta.  

Este lo hizo el 17 de junio de 1833 mediante una larga nota en la cual recordaba los antecedentes históricos de la cuestión, para concluir “que los títulos de la España a las Malvinas fueron, su ocupación formal; su compra a la Francia por precio convenido; y la cesión o abandono que de ellas hizo Inglaterra”.  

Como las Provincias Unidas sucedieron en los derechos que España tenía, Gran Bretaña no podía adquirir ningún nuevo derecho sobre las islas.  

La nota concluía protestando “contra la soberanía asumida últimamente, en las islas Malvinas por la corona de la Gran Bretaña, y contra el despojo y eyección del Establecimiento de la República en Puerto Luis, llamado por otro nombre el Puerto de la Soledad”, y pidiendo las reparaciones adecuadas por la lesión y ofensa inferidas. (17)

La contestación inglesa –que tardó más de seis meses en ser presentada- merece ser cuidadosamente analizada.  

Comienza esa nota recordando la protesta que Parish había entregado al gobierno argentino a fines de 1829 y reproduciendo los mismos argumentos: “esos derechos soberanos, que estaban fundados sobre el descubrimiento original y subsiguiente ocupación de aquellas islas, adquirieron una mayor sanción con el hecho de haber su Majestad Católica restituido el establecimiento inglés de que una fuerza española se había apoderado por violencia en el año 1771”.

Agregaba la nota que el retiro de los ingleses en 1774 no pudo invalidar sus derechos.  

Y como la protesta de Parish no había sido contestada por el gobierno argentino, este último no podía sorprenderse por el acto realizado en las Malvinas, ni tampoco “suponer que el gobierno británico permitiese que ningún otro Estado ejerciera un derecho, como derivado de España, que la Gran Bretaña le había negado a España misma”.

Lord Palmerston se ocupaba, por último, de negar la existencia de una promesa secreta, acerca de la cual no había constancia alguna en los archivos ingleses. (18)

La respuesta de Palmerston, escueta y carente de fundamentos históricos y jurídicos, sólo revelaba el deseo de eludir la discusión de un enojoso asunto que el gobierno británico no podía defender con argumentos valederos, sin dejar por ello de persistir en su actitud.

No es necesario volver a señalar las falsedades que esa nota contiene.  

Ya lo hemos hecho al comentar la de Parish; que se transcribe casi literalmente por Palmerston.  

Los dos únicos argumentos que este último agrega son la falta de contestación argentina a la nota de 1829 y la negativa inglesa a reconocer a otros Estados los derechos que había negado a España.

Aquella falta de contestación, explicable por las circunstancias críticas que vivía el país por esos años, no pudo, desde ningún punto de vista, hacer surgir un título nuevo para Inglaterra.  

Ese silencio no podía interpretarse como un asentimiento a las pretensiones inglesas, puesto que simultáneamente los hechos afirmaban la voluntad argentina de mantener su soberanía en las Malvinas. 

Los años 1829-1831 son precisamente los de mayor actividad en el archipiélago, que tiene a su frente al gobernador Vernet y asiste al desarrollo de Puerto Soledad.  

De modo que esos actos de dominio eran el mejor  desmentido que podía darse a la nota de Parish, y la manera más eficaz de asegurar los derechos que la República tenía como sucesora de España.  

Si Inglaterra aspiraba sinceramente a obtener una contestación, pudo insistir en su nota o presentar otra recabándola, pero nunca hacer derivar de esa falta un fundamento para realizar actos de fuerza en Puerto Soledad.  

La correcta práctica diplomática entre dos naciones que mantenían relaciones amistosas y cordiales exigía otro tratamiento muy distinto.

El último argumento de Palmerston consistía en sostener que Inglaterra no podía admitir los títulos argentinos porque los había negado a España misma, de la cual derivaban aquéllos.  

Esta era una evidente falsedad, que al mismo tiempo encerraba un sofisma.  Gran Bretaña nunca desconoció, ni hubiera podido hacerlo, los derechos españoles.  

Estos fueron admitidos en 1749, en 1771 y en 1790, sin que llegara a ser tema de una discusión entre las cancillerías.  Y desde 1774, en que España quedó como única dueña del archipiélago, Inglaterra mantuvo un persistente silencio que significaba aceptar la validez de aquella ocupación.  

Pero ese argumento contiene, además, un sofisma; aun cuando España no hubiera tenido título alguno, o éste hubiera sido desconocido por Inglaterra, no por ello podía esta última crearse unilateralmente un derecho fundado en la inexistencia del que invocaban los españoles.  

Para adquirir la soberanía de un territorio no basta negar la que otra nación alega, sino que es preciso además que haya actos posesorios indiscutidos y permanentes.  Y esto era lo que no podía aducir Inglaterra, que desde 1774 hasta 1829 guardó un profundo silencio respecto del archipiélago.

Manuel Moreno replicó a Palmerston, en nota del 29 de diciembre de 1834, aportando nuevos argumentos y antecedentes en apoyo de la posición argentina. (19)  esta segunda nota contiene sin duda un alegato muy orgánico y refleja con mayor acierto los derechos que Moreno defendía.  

Pero tanto ésta como las ulteriores reclamaciones fueron contestadas siempre con una categórica negativa, por parte de Inglaterra, a discutir lealmente los títulos respectivos.  

El problema se mantuvo en la misma situación, sin que nada hiciera variar la posición argentina.  

Esta se funda, históricamente, en las siguientes razones:

1º) La soberanía española de las islas, derivada de la concesión pontificia y de la ocupación de territorios en el Atlántico Meridional.  

Inglaterra reconoció esa soberanía al comprometerse a no navegar ni comerciar en los mares del Sud (tratados de 1670, 1713 y subsiguientes)

2º) La posesión efectiva de Puerto Soledad desde 1764 –como sucesora de Francia- hasta 1811, la cual, a partir de 1774, fue una ocupación exclusiva de todo el archipiélago, acreditada mediante múltiples actos de soberanía y confirmada por la aceptación de todas las naciones.

3º) El compromiso británico de evacuar Port Egmont –como lo hizo en 1774- y el nuevo acuerdo con España de no establecerse en las costas orientales u occidentales de la América Meridional, ni en las islas adyacentes (octubre de 1790).

4º) La incorporación de las islas Malvinas al gobierno y por lo tanto al territorio de la provincia de Buenos Aires, resuelta por España en 1766 y mantenida luego sin alteración alguna.

5º) La continuidad jurídica de la República Argentina con respecto a todos los derechos y obligaciones heredados de España.

6º) La ocupación pacífica y exclusiva del archipiélago por la Argentina –o la provincia de Buenos Aires- desde 1820 hasta el 2 de enero de 1833, en que sus autoridades fueron desalojadas por la fuerza.

7º) El traspaso hecho por España a la República Argentina, mediante el tratado de 21 de diciembre de 1863, “de todas las provincias mencionadas en su Constitución federal vigente, y de los demás territorios que legítimamente le pertenecen o en adelante le pertenecieren”, renunciando a “la soberanía, derechos y acciones que le correspondían”. (20)

Por su pare Inglaterra no puede invocar ni los derechos de primer ocupante, ni la cesión de su soberanía por España, ni la facultad de navegar y de establecerse en los mares del sud, ni ningún otro título legítimo aceptado por España o por la Argentina.  

Sólo tiene a su favor la ocupación clandestina de 1766 y el violento despojo de 1833.

Referencias

(1) Caillet-Bois, 179-181: “El Argos de Buenos Ayres, Nº 31, 10 de noviembre de 1821.
(2) Gómez Langenheim, I, 212 y 217.
(3) Decreto del 5 de enero de 1828, en Gómez Langenheim, I, 230.
(4) Pedro de Angelis – Recopilación de las leyes y decretos promulgados en Buenos Aires, segunda parte, 969, Buenos Aires, 1836.  El decreto fue publicado y comentado por los dos periódicos más importantes de entonces: “La Gaceta Mercantil”, 17 y 23 de junio de 1829, y el “British Packet”, 20 de junio del mismo año.
(5) Caillet-Bois, 183-208.
(6) Gómez Langenheim, II, 127.
(7) Guido a Parish, 25 de noviembre de 1829 en Gómez Langenheim, II, 128.
(8) Todos los sucesos se encuentran documentados en “Colección de documentos oficiales con que el gobierno instruye al cuerpo legislativo de la provincia del origen y estado de las cuestiones pendientes con la República de los Estados Unidos de Norteamérica sobre las Islas Malvinas”.  Buenos Aires, 1832; seguida de “Apéndice a los documentos oficiales publicados sobre el asunto de Malvinas, etc.”, Buenos Aires, 1832.
(9) Groussac, “Les iles Malouines”, 33, quien cita a Francis Wharton, “A Digest of the International Law, 2ª ed., I, 444.
(10) Caillet-Bois, 295-318.
(11) Caillet-Bois, 320-321, quien cita a G. T. Whitington, “The Falkland Islands, compiled from ten years, investigations of the subject”, 12-15, London, 1840.
(12) Onslow a Pinedo, 2 de enero de 1833, V. F. Boyson, “The Falkland Islands”, 97, Oxford, 1924.
(13)  Caillet-Bois, 322-327.
(14) Boyson, 103.
(15) No deja de ser curioso destacar la explicación que da un autor moderno sobre los motivos de la llegada de la “Clío”: “The reason of her appearance was very simple.  No notice having been taken of the protest made by Woodbine Parish three years previously, the Clio….. had been dispatched to take possession of the colony” (Boyson, 97).  Este escritor parece ignorar  todos los usos diplomáticos, e incluso la diferencia que existe entre tomar posesión de un lugar abandonado o desierto y expulsar de un establecimiento ya organizado a las autoridades de un país con el cual se mantienen relaciones amistosas.
(16) Maza a Gore, 16 de enero de 1833, en “Reclamación del Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, contra el de su Majestad Británica, sobre la soberanía y posesión de las islas Malvinas (Falkland), Discusión oficial”, 25, Londres, 1841.
(17) Reclamación cit., 3-24.  Se publicó también en inglés y francés en “Protestation du gouvernement des Provinces Unies du Río de la Plata, par son ministre plénipotentiairie a Londres, sur l’arrogation de souveraineté dans les iles Malvines or Falkland, par la Grande Bretagne, et l’éjecution de l’établissement de Buenos Ayres a Port Louis”, Londres, 1833.
(18) Lord Palmerston a Manuel Moreno, 8 de enero de 1834, en “Reclamación” cit., 40-53.
(19) ”Reclamación” cit., 54-66.  Manuel Moreno publicó también, sin nombre de autor, un folleto titulado “Observations on the forcible occupation of the Malvinas, or Falkland Islands, by the British Government, in 1833”, London, 1833.  Este folleto estaba destinado a ilustrar a la opinion pública, mostrando el carácter violento de la agresión inglesa.  Sobre las gestiones de Moreno en Londres, ver Caillet-Bois 347-365.
(20) Tratado de reconocimiento, paz y amistad con España, ratificado por la ley 72.

lunes, 21 de mayo de 2012


PRIMERA RECONQUISTA DE LAS ISLAS MALVINAS

                                                                                          Las islas Malvinas fueron descubiertas en 1520 por los tripulantes del buque español “San Antonio” de la expedición de Hernando de Magallanes. 




En 1764 el marino francés Louis Antoine de Bougainville tomó posesión de las islas en nombre del Rey Luis XV, las llamó Malouines (porque había nacido en Saint-Malo) y fundó una población que bautizó Port-Louis.




Ante el reclamo del gobierno español, Francia reconoció sus derechos. 


 Bougainville viajó a Buenos Aires, de donde el 28 de febrero de 1767 partió una escuadrilla hispano-francesa llevando al primer gobernador del archipiélago, el capitán de navío Felipe Ruiz Puente. 


El 1° de abril, el pabellón español reemplazó al francés en Puerto Soledad, nombre que adoptó la población.


El 23 de enero de 1765 el comodoro John Byron, que comandaba una escuadrilla inglesa, había desembarcado en la pequeña isla Trinidad, al norte de la Gran Malvina, donde tomó posesión en nombre del rey Jorge III,  de un puerto natural al que denominó Egmont. 


Cuando las autoridades españolas se enteraron de la presencia inglesa en las islas, reclamaron ante su gobierno, quien no aceptó evacuarlas.


En 1768 el gobierno español decidió enviar una escuadra al Río de la Plata para desalojar a los ingleses. 


Recién en diciembre de 1769 los españoles pudieron descubrir el emplazamiento del puesto inglés, llamado Fort George, en Puerto Egmont.


Una fuerza de exploración integrada por una fragata y un chambequín reconoció ese lugar el 20 de febrero de 1770.


El 11 de marzo de 1770 zarpó de Montevideo la expedición comandada por el capitán de navío Juan Ignacio de Madariaga.  


Estaba compuesta por los siguientes buques:


-Fragata “Industria”, de 28 cañones, al mando directo del comandante de la fuerza.


-Fragata “Santa Bárbara”, de 26 cañones, capitán de fragata José Díaz Veanez.


-Fragata “Santa Catalina”, de 26 cañones, capitán de fragata Francisco Rubalcava.


-Fragata “Santa Rosa”, de 20 cañones, teniente de navío Francisco Gil y Lemos.


-Chambequín “Andaluz”, de 30 cañones, capitán de fragata Domingo Perler.


-Bergantín “San Rafael”, piloto Crispín Francisco Díaz.


La escuadrilla estaba tripulada por 1.075 hombres.


En ella embarcaron 260 granaderos del Regimiento de Infantería Mallorca, a órdenes del coronel Antonio Gutiérrez. 


También se dispuso de una batería de desembarco con 2 cañones de 8 libras, 5 cañones de montaña y 2 obuses.


El gobernador de Buenos Aires, teniente general Francisco de Paula Bucarelli impuso como misión expulsar a los ingleses de los dominios de Su Majestad Católica.


Durante la navegación, un temporal separó a la nave capitana del resto de la escuadra. 


La fragata “Industria” llegó, entonces, sola a Puerto Egmont, donde fondeó el 3 de junio. 


Allí se encontraba la fragata inglesa “Favourite”, de 16 cañones, bajo el mando del capitán William Malby. 


A  cargo del Fort George estaba el capitán George Farmer, quien disponía de 4 cañones de 12 libras y 6 más pequeños.


Madariaga decidió esperar la llegada del resto de su escuadra y entró en conversaciones con los ingleses. El 6 de junio llegaron finalmente los otros barcos. 


Al día siguiente, la fragata inglesa intentó salir del puerto, pero 3 cañonazos de la “Santa Catalina”  se lo impidieron.  


Durante 2 días más continuaron las conversaciones, intercambiando protestas y reclamaciones. 


Con ellas Madariaga ganaba tiempo esperando que mejoraran las condiciones meteorológicas para lanzar su ataque.


El 10 de junio a las 10 de la mañana se inició el ataque. 


Se abrió fuego sobre la fragata inglesa y sobre el fuerte y desembarcaron las tropas.  


El enemigo respondió brevemente al fuego para salvar el honor e izó la bandera blanca. 


En el breve combate, la única baja fue el jefe de la artillería, teniente coronel Vicente de Reyna Vázquez, que resultó herido. 


A continuación se firmó la capitulación. El personal inglés fue evacuado en la fragata “Favourite” y la soberanía española quedó restablecida en todo el archipiélago.


Pero cuando la noticia llegó a Londres, el gobierno inglés no aceptó el hecho consumado y exigió la devolución de Puerto Egmont para lavar la ofensa recibida; en caso contrario iría a la guerra.  


España no estaba en condiciones de afrontar sola el conflicto con Gran Bretaña y estaba ligada a Francia por el “Pacto de familia”, pero el soberano francés Luis XV no quería la guerra y aconsejó  al Rey de España que hiciera un sacrificio para conservar la paz. 


Carlos III, entonces, desautorizó la expedición y ordenó devolver Puerto Egmont a los ingleses.  


Estos, por su parte, prometieron retirarse con posterioridad.


El 16 de septiembre de 1771, el teniente de artillería Francisco de Orduña entregó al capitán inglés Scott  Puerto Egmont, como estaba antes del 10 de junio del año anterior.


Los ingleses permanecieron en el lugar hasta el 20 de mayo de 1774, en que el teniente Samuel W. Clayton al frente de medio centenar de marinos e infantes de marina evacuó definitivamente la isla.  


El 22 de mayo Francisco de Orduña, en nombre de España, toma posesión del archipiélago.


Las Malvinas quedaron entonces en tranquila posesión del Rey de España.  


 Veinte gobernadores se sucedieron hasta 1811, en que cesó el último como consecuencia de la Revolución de Mayo, sin que los ingleses hicieran ningún intento de retornar al archipiélago.


En cuanto a los protagonistas de la expulsión de los ingleses, el gobernador Bucarelli entregó el mando al brigadier Juan José de Vértiz el 4 de septiembre de 1770 y regresó a España.  


Dejó muy mala imagen por su participación en la expulsión de los jesuitas, el mal manejo de la relación con los portugueses y su afán de enriquecimiento por medios ilícitos, pero quedó como saldo positivo de su gestión su actitud enérgica y eficaz en el problema de las Malvinas.


El comandante  de la expedición Madariaga regresó de inmediato a España, donde fue ascendido a brigadier de la Real Armada y falleció poco tiempo después.


La reconquista de 1770 es un episodio trascendente en la historia de nuestras islas y merece ser recordado por los argentinos.


Fuente


Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Soria, Gral. De Brigada VGM D Diego Alejandro – Primera Reconquista de las Malvinas.

viernes, 18 de mayo de 2012


BANDERA ARGENTINA QUE FLAMEO EN LAS 
ISLAS MALVINAS EN 1982




(Hoy conservada en el Continente)


La Bandera argentina que ondeó pacíficamente en el aeropuerto de Puerto Argentino (BAM Malvinas) desde el 2 de Abril de 1982 hasta el 1 de Mayo cuando recibió, solidaria con sus hijos, los primeros impactos de los cañones de los Aviones Harrier del piratón ingles (visibles en la imagen) y su mástil británico y como tal piratón, se derrumbo.


Fué Izada nuevamente, ya en Criollo Mástil, y presencio orgullosa la resistencia argentina durante los siguientes 45 días.


El 14 de junio, regresó al continente en el último avión Hércules (C-130) que despegó esa madrugada de Malvinas.


Es la Escuela de Aviación Militar en Córdoba la depositaria de esta bendita tela y sirve de testimonio ejemplar para los nuevos cóndores que ahí se educan, hasta que vuelva a flamear en las Islas.


Pero debo decirte que justamente Hoy me siento TRISTE en este día, me puse a Recordar cuando nadie ya lo hace...

de lo que paso hace 30 años, 

quise  Ponerme en tu lugar, el de tu familia, tus amigos... 142fc496eac1104b24ae30fdcb1cffa1.12518111739

Ver fotos, videos, cartas... 

TODO me hace pensar en vos. 

Si, en vos, Veterano de Guerra. 

 Por eso, hoy te pido Perdón por Los que te Olvidaron.

Porque muchos ya ni se acuerdan que Festejaron en las Plazas de todas las Ciudades y Pueblos, Parajes, etc.  un Glorioso 02 de Abril de 1982.

Hoy, esos mismos ya No están Eufóricos, menos festejan, se olvidaron de lo que paso. 

Que Poca Memoria de Muchos.

Me Duele al no ver Mi Bandera Argentina en los Frentes de cada Casa, 

claro, entiendo 

No Gano BOCA, River, solo la veo en Los Piquetes de los cortan Calles, Rutas, de los Okupas como los Ingleses en Nuestras Islas.

Dios quiera que algún día vuelva el sentido común. 

Que los Argentinos, tengamos un verdadero sentimiento Patriótico
y nada de prepotencia absurda.

Tenemos la Bandera más Hermosa del Mundo, con los Colores del Cielo y que DIOS nos dio, es el Símbolo del sueño del ser Argentino.

Pensar que tenemos la Gloria en nuestras manos y le faltamos el respeto todos los días. 

Argentina necesita de mejores argentinos. 

Subamos un escalón. 

Hagamos algo y Urgente por nuestra Patria.

Muchos dieron vuelta la cara, para no ver lo que no gustaba.

Y eso duele. 

Me duele a mí, seguro que también te duele a vos...

Solo recordamos lo que nos quieren hacer recordar.

Pero lo que no nos cuentan, pasó.

Aunque no lo digan los libros. 

Aunque no lo digan los políticos.

Pasó.

Vos lo viviste. 

Yo lo sé.

Hoy tus pertenencias,

tu uniforme, lo que en algún momento escribiste, algunas fotos, todo, se encuentra en un museo.

Y al ver eso pienso lo difícil que debe haber sido, tan cruel, tan doloroso.

Y se me caen muchas lágrimas.

Y pienso dónde debes estar ahora.

Tal vez leyendo esto; 

tal vez tratando de ganarte de la vida de la mejor forma posible,

 ya que todos se olvidaron;

 tal vez en un lugar mejor.

Lo único que quiero decirte, sea donde sea que estés, es GRACIAS.

Por tu valentía, 

por ser grande, 

por ser un Soldado Argentino del cual  me enorgullezco y que quedo para siempre en la historia argentina.

Porque los políticos no escriben páginas en nuestra historia, 

solo borran, 

tachan, 

acen garabatos. 

Vos si escribiste algo.

Vos escribiste que las Islas Malvinas fueron, son y serán por siempre argentinas.

Ya no por la geografía, tampoco por el legado de una colonia.

SI LAS MALVINAS NOS PERTENECEN, ES TAN SOLO POR EL HECHO DE QUE VOS LAS DEFENDISTE.

Son tuyas SOLDADO DE MI PATRIA, PEDAZO DE HISTORIA.

Porque no hay muchas palabras que te definan.

Solo encuentro una.

SOLDADO ARGENTINO, SIEMPRE SERAS UN HEROE.