domingo, 8 de agosto de 2010

TRES DECADAS DE DEMOCRACIA COLONIAL Y DESMALVINIZADORA




Veintiocho años atrás, la guerra de Malvinas y Atlántico Sur constituyó un conflicto patriótico que enfrentó a la Argentina semicolonial de entonces, gobernada por un gobierno cívico-militar, con una de las principales potencias del planeta, respaldada por el bloque de naciones centrales, encabezado por Estados Unidos.

Más allá de las intenciones de los ingleses que precipitaron el conflicto bélico como ellos mismos lo reconocieron y que quedaron sorprendidos —según sus propias declaraciones—, por el coraje argentino, la naturaleza del conflicto no puede ofrecernos dudas, el deber de todos los patriotas está del lado de la patria que libra la batalla contra los dominadores.

La derrota política

El autoengaño de quienes estaban al frente de la Junta Militar (la idea de que Estados Unidos desempeñaría un papel mediador entre dos aliados privilegiados y que el gobierno conservador inglés no se embarcaría en un conflicto bélico) y la verdadera naturaleza de la guerra, estableció las condiciones de la derrota, cuyo origen fue, ante todo, político.

En ningún momento nuestro gobierno tuvo en cuenta que para recuperar las Malvinas, por vía militar o mediante negociaciones, era imprescindible una política nacionalista.

Mantuvieron en todo momento el conjunto de ideas que los llevaron a sostener un programa antinacional, destinado a destruir nuestra independencia económica.

La permanencia de Roberto Aleman al frente del Palacio de Hacienda, representante del capital financiero internacional y de las corporaciones monopólicas, como antes lo había sido Martínez de Hoz, constituyó el presagio más claro del desenlace del conflicto.

Nunca se dieron cuenta que este ataque era la continuidad del apoyo inglés a la subversión apátrida que nos atacó en Tucumán y en todo el territorio nacional.

Como no podía ser de otro modo, las consecuencias de la derrota política y militar comenzaron a pesar de un modo abrumador sobre el destino del país apenas cesó el tronar de los cañones.

La política de desmalvinización fue la principal de esas consecuencias.

En torno a esa política se organizó el conjunto de significaciones imaginarias que habría de predominar en los años venideros.

Su objetivo fue restablecer los mecanismos de dominación y hacerlos perdurables en el tiempo.

El verdadero significado del 2 de abril

Tras la caída de Puerto Argentino y del subsiguiente colapso político, los círculos influyentes de la burguesía local y el capital extranjero comprendieron la necesidad de imprimir un giro en el manejo de los asuntos públicos, así como en el sentido de los mensajes que se enviarían desde la escuela y los medios para anular el pensamiento patriótico entre nosotros los argentinos, en correspondencia con los nuevos tiempos que se avecinaban.

En primer término, era imprescindible que la nueva democracia en curso, hija de Margaret Tatcher y de Isabel II, es decir, impuesta por los vencedores, impidiera cualquier posibilidad de adquirir conciencia nacionalista para entender la política que encerró el conflicto bélico, inconfundible a la luz del comportamiento de Gran Bretaña, Estados Unidos y de sus aliados europeos.

Apuntando en esa dirección, la recuperación de Malvinas fue presentada como una decisión irracional, y los militares que llevaron a cabo, demonizados.

De acuerdo con el nuevo discurso, inspirado en usinas ideológicas del exterior, con amplia repercusión interna, se decía que constituía un verdadero despropósito que un país subdesarrollado y dependiente pretendiese enfrentar militarmente a una potencia de primer orden.

Es decir, que nos conformáramos con ser esclavos.

De forma tal, el 2 de abril fue explicado, en reiteradas ocasiones, creando el mito de un borracho irresponsable.

No importó que hasta ese momento las guerras de liberación nacional en China, Vietnam o Argelia (así como hoy las presentes luchas de los pueblos en Palestina, Irak y Afganistán), hubiesen demostrado que la supuesta imposibilidad de enfrentar al colonialismo y al imperialismo, constituía una falacia.

En este sentido, también la guerra de Malvinas arrojó enseñanzas instructivas.

Por ejemplo, en marzo de 1984 The Economist sostuvo que, sin ayuda de Estados Unidos, no sólo Gran Bretaña no habría podido ganar la guerra, sino que tampoco hubiera podido organizar la campaña militar.

Asimismo, son abundantes los testimonios de origen británico sobre lo cerca que estuvieron de la derrota las fuerzas de su graciosa majestad.

De hecho los ingleses reconocen 1032 bajas pero ocultan por lo menos dos mil más contra 180 soldados argentinos, el resto de nuestras bajas son aviadores y marinos con lo cual llegamos a 649.

En el marco de tantas mentiras en los años de posguerra, los soldados argentinos perdieron su condición de combatientes de una causa nacional, que nos permitiría aumentar nuestro amor patrio y fueron presentados como “los chicos de la guerra”, criaturas inocentes, arrojadas al infierno del conflicto militar en situación de indefensión por la supuesta ineptitud y cobardía de una oficialidad incapaz de afrontar el peligro.

No importaba que la proporción de bajas en los distintos rangos de las fuerzas armadas argentinas, no probara en absoluto el relato desmalvinizador y mostrara en realidad el coraje de oficiales, suboficiales y soldados de nuestra patria.

Por ejemplo, en la Fuerza aérea el 95 % de las pérdidas fue de oficiales y suboficiales.

Una mezcla de pacifismo, democratismo y antimilitarismo burgués, de la cual el alfonsinismo fue la expresión política más decidida, impregnó los distintos aspectos de la vida política nacional, y caló hondo en el ánimo de una clase media desmemoriada y desmoralizada, base social necesaria para el discurso organizado en torno a la falsa antinomia democracia / totalitarismo.

Fue bajo esta influencia que se aseguró la continuidad de las transformaciones de fondo iniciadas por el programa de Martínez de Hoz en 1976, y que han perdurado hasta el presente, destrozando nuestra economía y fraguando un sistema político falaz que provoca la desazón de todos nosotros y que nos hace bajar los brazos.

Esta desazón producto de la mentira y el olvido es la que ha llevado a 700 veteranos al suicidio, muertes que deberán pesar sobre las conciencias de los dirigentes argentinos.

Ruego a Dios Uno y Trino por las almas de estos 700.

Pero así como esa continuidad no está asegurada, ni mucho menos, el 2 de abril y la guerra en el Atlántico Sur recuperarán su lugar en una historia verdadera, servirán de punto de partida para la conformación de una conciencia nacional, y para la gestación de un gran movimiento cristiano y patriótico de amor argentino orientado hacia la liberación de la patria.

Será la manera de ganar la posguerra.

Debemos tener en cuenta que los ingleses no estan hace 180 años en Malvinas, ese período se lo cortamos a los 149 años, sino desde el 14 de junio de 1982 ya que ejercimos plena soberanía durante 74 días y ahora quieren avanzar sobre el continente, nuestra minería y nuestras riquezas explotándolas de manera contaminante para que le dejemos el terreno vacío.

Hay muchas maneras legales y valientes que tenemos los argentinos de defender nuestra patria.

Sumémonos en una verdadera Resistencia patriótica que sea el resurgir de nuestra nación.

Un abrazo celeste y blanco..

Patricio Lons

sábado, 7 de agosto de 2010

MALVINAS: PORTAVIONES INVENCIBLE HUNDIDO EN EL 82..!!!!

Mapa petrolero develaría el misterio del portaaviones Invencible atacado en 1982

30 de mayo de 1982, el portaaviones HMS Invencible es atacado por la Aviación.

¿Averiado o hundido? Gran Bretaña niega el hecho, pero mapa de prospección petrolera develaría el misterio de su hundimiento tras 28 años...

La nueva arremetida británica por el petróleo del Mar Argentino cercano a las Islas Malvinas, ha provocado que el misterio acerca del ataque al portaaviones británico durante 1982, vuelva al centro de la escena.

El 30 de mayo de 1982, en una operación sin precedentes, la Armada y la Fuerza Aérea, en forma conjunta, atacaron con un misil Exocet al corazón de la flota imperial: al portaaviones HMS Invincible.

Tras emitir varias versiones sobre las acciones del día del ataque, Gran Bretaña jamás reconoció que se haya atacado al buque británico.

Argentina posee la prueba en dos testigos de lujo: Ureta e Isaac, pilotos de la Fuerza Aérea, quienes atacaron la nave enemiga.

Muchos indicios, datos, imágenes y fotografías que aparecieron a lo largo de casi 30 años, demostraron que el portaaviones había sido atacado, y hasta para algunos pocos historiadores, el buque podría haberse hundido y Gran Bretaña ocultado el hecho.

Hace pocos meses, tras iniciarse las exploraciones en búsqueda de petróleo, las autoridades de las Islas Malvinas emitieron un mapa donde se detallaba las tumbas de guerra, buques hundidos alrededor de Malvinas de la primera Guerra Mundial y del conflicto bélico de 1982.

El mapa con fondo azul de la izquierda, muestra la ubicación de los buques, en el día de los ataques respectivos.
Es un mapa confeccionado por la Armada Argentina y mostramos en este caso resaltados al Sheffield (04/05), Atl. Conveyor (25/05) y al portaaviones Invencible (30/05).

El mapa de la derecha con las Islas en color verde, fue suministrado por el Gobierno de las Islas, a los técnicos británicos que realizan los trabajos de exploración petrolera y hasta se puede observar por internet.

El mapa muestra en color azul los seis buques hundidos en la Primera Guerra Mundial, en la batalla marítima entre Alemania e Inglaterra.
En color rojo, los buques argentinos e ingleses hundidos en 1982. Lo curioso es que si uno se toma el trabajo de estudiar la totalidad de los blancos atacados y las coordenadas de sus hundimientos, hay un punto rojo que sobra.

¿El misterio llega a su fin?

Hay un barco de color rojo (mapa inglés), que se ubica cerca de donde el portaaviones HMS Invincible fue atacado el día 30 de mayo de 1982, siguiendo el mapa de la Armada.
No hay información de otro buque de guerra que haya sido averiado o atacado en esas coordenadas, a excepción del portaaviones Invencible.

El HMS Sheffield se hunde el día 10 de mayo por la mañana, 5 días después de ser atacado por un Exocet.
Casi al lado se encuentra el Sir Galahad, hundido por los propios británicos el día 25 de junio como tumba de guerra.
El Atlantic Conveyor, buque portacontenedores, se hunde el 28 de mayo, tres días después de sufrir el impacto de dos Exocet.
La distancia de los hundimientos de estos buques es mayor a 100 kilómetros con el punto rojo misterioso.

El Sheffield navegó cinco días hacia el este buscando las Islas Georgias para salvar su carga nuclear, pero humeante y remolcado, con olas de hasta seis metros de altura se hundió a pocos kilómetros de donde fue atacado, según consta en las actas oficiales y la bibliografía de la Real Armada.

Por las coordenadas del día del ataque (30/05) según la Armada Argentina y la bibliografía existente, la tumba de guerra que nos muestra el mapa británico, pertenece entonces...
¿al portaaviones HMS Invincible?

El mapa nos muestra que hay un buque hundido como resultado de la Guerra de Malvinas, y declarado como tumba de guerra, que no ha sido reconocido por Gran Bretaña.
Y si analizamos los blancos atacados que navegaban en esa zona, no hay otro más que el portaaviones británico el que puede figurar en dicho mapa.
Sin dudas este dato es un fuerte indicio para quienes respaldan la hipótesis del hundimiento.

Cargas nucleares:
¿Posible desastre ecológico?

Si el buque de guerra que reside en las frías aguas del Atlántico Sur se trata efectivamente del portaaviones británico, cabe preguntarse,
¿qué paso con las cargas nucleares que llevaba?
¿Fueron rescatadas antes del hundimiento, o bien se hundieron junto al buque?

Esta pregunta nos demuestra que tras casi 30 años del conflicto bélico, conocer la verdad de lo que sucedió con este barco, tiene efectos al día de hoy.

Así como el Sheffield pudo haberse hundido con cargamento nuclear, que puede provocar un desastre ecológico frente a las costas argentinas,
¿qué sucede con este otro buque?
Pues Gran Bretaña reconoce que la mitad de las cargas nucleares que se llevaron a Malvinas, estaban en el portaaviones Invincible.

En los próximos días, daremos a conocer dos nuevos informes sobre este tema, y trataremos de llegar a la verdad de lo sucedido, con el fin de que los gobernantes argentinos, tengan en cuenta que no solo la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas está en juego, sino que además, la fauna marina del Atlántico Sur, puede correr un gran peligro si es que no se toman las medidas necesarias.

Lic. Gabriel Pautasso

domingo, 1 de agosto de 2010

ARGENTINA, TIENE HEROES

“Mucho se ha escrito sobre la Guerra del Atlántico Sur.
Innumerables líneas secretas acerca de lo ocurrió, sus causas y consecuencias.
También las razones de la derrota…”

CINCO SEMBLANZAS DE LA GUERRA DE MALVINAS“
Mucho se ha escrito sobre la Guerra del Atlántico Sur.
Innumerables líneas secretas acerca de lo ocurrió, sus causas y consecuencias.
También las razones de la derrota.

Se dijo entonces que nunca estuvimos en condiciones de enfrentar a la flota más poderosa del mundo y que eso solo hacía de la gesta, una locura irresponsable.
Se habló de improvisación, impericia, negligencia y muchos otros calificativos negativos más.
No hubo error no indicado, misil o fusil no comparado, plan táctico o estratégico no criticado por los que sabían y por los que no tenían la más mínima idea de las batallas.
Siempre pretendiendo señalar causas, afirmando que fueron dichas con antelación y que nadie quiso escuchar porque hicieron oídos sordos por la propaganda exitista del gobierno militar.
En un concurso de mezquindades se auguró lo que ya había pasado, se adelantó lo que ya, a esa altura, sabíamos y se condenó lo acontecido por locamente heroico.
Por eso, las mismas personas que en los gloriosos días de abril de 1982, apoyaron la empresa, luego, la condenaron.
Ni siquiera importó que hasta nuestros enemigos usurpadores reconocieran que, en distintas ocasiones, tuvo la Argentina la oportunidad de triunfar.
Sin embargo creo que no todo se dijo. Porque todo lo narrado pudo ser verdad, aún cuando lo dijeran los miserables de siempre.
Es cierto, podríamos agregar otras razones más a la larga lista que armó el comentario popular o intelectual de la época y posterior.
Pero hay algo que poco se repitió y casi nada se invocó.…
Todos con distintos rostros y apellidos, provenientes de distintos confines de la Argentina, con los corazones en sus manos y almas agrandadas por el VALOR, pero hermanados, sin excepciones, por el Amor ilimitado por la Patria”.


PRÓLOGO DEL AUTOR

“El cielo fue poblado por los tenientes y capitanes que provocaron el temor y el respeto de la “Task Force”; el fondo del mar fue sembrado por los oficiales, suboficiales y marinos y entre la turba y la niebla, emergieron los GIACHINO, los ESTEVEZ, los SILVA, los BALDINI, los MARTELLA, los CISNERO, los AUSTIN, los ALLENDE y tantos otros.
Todos con distintos rostros y apellidos, provenientes de distintos confines de la Argentina, con los corazones en sus manos y almas agrandados por el valor; pero hermanados, sin excepciones, por EL AMOR ILIMITADO POR LA PATRIA.
Ninguno volvió, porque así lo decidieron.
Pagando el mayor precio que se puede abonar un hombre.
Sin pensar en la derrota ni en las ni en las desventajas.
Ignorando el frío, los bombardeos y los ataques desbastadores de los invasores.
Dejando esposas, hijos, novias, hermanos, padres, amigos.
Abandonando todo para llevar adelante la voluntad inquebrantable de lograr la victoria.
Sin debilidades ni titubeos.
Fueron y allá se quedaron para siempre.
Por eso en las islas, hay un solo lugar que no fue usurpado nuevamente por el invasor inglés:
el cementerio de DARWIN en donde descansan los restos de los hombres que amaron sin medida.
Ellos sí reposan en paz.
Porque dieron todo sin pedir prebendas ni premios.
Tampoco ascensos u honores.
Marcharon a la guerra, combatieron y murieron, regando la turba malvinense para que florezcan árboles de bizarría, con flores de arrojo, enraizados por el esfuerzo…”

*ALBERTO MANSILLA*
Desde los tiempos de la cultura clásica, la contemplación e imitación de los arquetipos ocupa un papel sustantivo en la formación de los jóvenes.
Todos los pueblos tienen sus HÉROES, y la Argentina – que también los posee – ha sumado a su rica historia, no pocos ejemplos de valor y de arrojo durante la pasada Guerra de las Malvinas.
ALBERTO MANSILLA retrata con sencillez y lirismo la vida de cinco guerreros que fueron capaces de dar la vida por la vida por Dios y por la Patria, en aquella contienda justa.
El Capitán PEDRO GIACHINO, el Teniente ROBERTO NÉSTOR ESTEVEZ, el Sargento SERGIO GARCÍA, el Sargento MARIO ANTONIO CISNERO, y el Subteniente OSCAR SILVA, VÉASE más arriba.
Uno a uno son recreados en su ambiente familiar, y en su formación espiritual y militar, que los condujo a reiterados actos de heroísmo, antes de caer en la batalla por la Soberanía Nacional.
*Ediciones Nueva Hispanidad, 2003 Buenos Aires – Santander 135 pp.
*EL HEROÍSMO DEL EJÉRCITO ARGENTINO EN MALVINAS
por el My OSCAR MARIO MARTÍNEZ CONTI
El heroísmo, como esfuerzo inminente de la voluntad, lleva al hombre a realizar actos extraordinarios.
Así también conlleva a un conjunto de cualidades y acciones que colocarán a un hombre en la categoría de héroe.
(Diccionario Hispánico Universal – Ediciones Jackson).
Estas cualidades se vinculan, particularmente, con la responsabilidad, el valor, la lealtad, la integridad, la disciplina, la audacia, y la fortaleza espiritual.
En síntesis, aquí se conjugan cualidades ejercitadas a través de acciones basadas en una gran fortaleza de espíritu, capaz de arrostrar peligros y superar el miedo, en una aceptación plena de las obligaciones legales y morales inherentes a cualquier rol asignado, en un sentimiento de noble y esclarecida adhesión voluntaria a principios adheridos, en una aceptación tácita a obrar con rectitud de carácter y juicio, de acuerdo con principios morales identificados con la dignidad, la veracidad y la honestidad,; en la subordinación y respeto en el cumplimiento de las órdenes, particularmente ante situaciones difíciles; en la determinación de todo aquello que suponga grado cierto de riesgo, y en la facultad de obedecer a la razón, aun en medio de la mayor excitación.
“La guerra – decía CLAUSEWITZ
- no resulta únicamente de lo material, sino que es producto, al mismo tiempo, de la fuerza espiritual que vivifica la materia, siendo imposible separar una de otra”.
La batalla por la recuperación de las ISLAS MALVINAS – quedó plasmada en hechos – ha sido, pese a todo, un conjunto de actos gloriosos que enriquecerán la historia de la Nación.
A lo largo de una penosa lucha, dice el Historiador ISIDORO J. RUIZ, los militares habían cumplido su deber superando carencias de materiales y privaciones de suministros.
Enviados a combatir sin adecuada preparación resistieron el avance británico más de tres semanas desde el desembarco, que fue apoyado por una tecnología y disposición de medios que nunca estuvo al alcance de aquéllos.
Luego se separaron, y la mayoría retornó a sus unidades de origen, llevando también en sus corazones valerosos, la frase grabada en las espadas que les fueron entregadas al comenzar su carrera:
¡CORONADOS DE GLORIA VIVAMOS!
¡OH JUREMOS CON GLORIA MORIR!
(I.J. RUIZ MORENO, “Comandos en acción”
El Ejército en Malvinas, Buenos Aires, Booket, 2007, p. 536).
DIARIO PAMPERO Cordubensis nº 288.
INSTITUTO EMERITA URBANUS.
Córdoba de la Nueva Andalucía, 27 de febrero del Año del Señor de 2010.
Cuaresma.
Sopla el Pampero.
¡VIVA LA PATRIA!
¡LAUS DEO TRINITARIO!
¡VIVA HISPANOAMÉRICA!
Por Alberto Mansilla
Prólogo de Antonio Caponnetto





jueves, 15 de julio de 2010

RECORDANDO AL SUBTENIENTE OSCAR AUGUSTO SILVA

El 15 de junio de 1982, el Capitán de Fragata Carlos Robacio, jefe del Batallón de Infantería de Marina (BIM) Nº 5 y el Comandante inglés recorrían el campo de batalla.

Los muertos ingleses ya habían sido retirados y era el turno de los caídos argentinos.

De pronto el jefe británico, sorprendido, lo llama al oficial argentino y le señala un cuerpo.

Tenía los ojos abiertos, el rostro sereno, una herida cerca del hombro y otra cerca de la cintura y la mano aferrada furiosamente al fusil.

El infante de marina argentino tomó el arma por su culata y tironeó.

Pero la mano no lo soltó.

Parecían una sola pieza.

Espontáneamente, ambos combatientes se pararon frente al cadáver e hicieron el saludo militar.

Rígidos y emocionados, en medio del silencio del campo de batalla.

El argentino decidió que lo enterrarían con el arma que se negaba a devolver.

Luego Robacio buscó la chapa de identificación que debía colgarle del cuello.

La encontró.

La tomó con firmeza y se la arrancó; era el Subteniente Oscar Augusto Silva.

Desde su San Juan natal había partido Oscar con una definida vocación militar.

Ya la había puesto a prueba cursando en el Liceo Militar General Espejo.

Luego su camino se dirigió a la Escuela Naval.

Pero no era ése su destino.

No estaba a gusto.

Comenzó a cursar la carrera de ingeniería.

Tampoco lo satisfizo.

Y decidió ingresar al Colegio Militar de la Nación.

Rindió para segundo año por su pasado liceísta y entró.

Era uno de los más grandes de su promoción (la 112) pero también uno de los más queridos.

Porque si algo se destacaba de Silva era su intrínseca bondad.

Siempre estaba dispuesto a ayudar a sus compañeros y eso le valía ser uno de los mejores camaradas.

Su familia lo llamaba “gordito”, sus camaradas “el sapo”, pero para todos era una bonachón al que le costaba poner “cara de guerra”.

De esos de los que se esperan constantemente buenas acciones.

El Colegio Militar lo formó técnicamente.

Aprendió a combatir, a conducir hombres y veló las armas.

Pero sus inquietudes fueron más allá, porque intuyendo que todo aquello era incompleto, buscó ayuda en el Centro de Estudios Nuestra Señora de la Merced.

Allí, un profesor de historia, “maestro de combatientes”, le enseñó que era posible perder una batalla, pero con honor (1).

Y le regaló unos versos de su autoría que decían, en una parte:

“Que no me ofrezcan lo que nunca tuve /

por compensar lo que nos han quitado,/

el honor de decir: donde yo estuve/

flamea un estandarte soberano”.

Renglones que marcaron a fuego al joven cadete.

En noviembre de 1981 egresó del Colegio Militar como Subteniente del arma de Infantería.

Pero, en medio de la alegría, tuvo que sufrir un enorme dolor.

Cuando su familia se dirigía a Buenos Aires para compartir con él ese momento, un accidente automovilístico acabó con la vida de su madre y dejó internado a su padre y a una hermana.

Sus jefes le ordenaron que se dirigiera a su casa a hacerse cargo de la tragedia.

Así lo hizo.

Marchó a San Juan en compañía de su hermana Ana Clara, que vivía con él en Buenos Aires, y su novia.

Allí fue una vez más lo que había sido siempre para sus hermanas: el puntal sobre el cual se asentaba la estructura del ánimo familiar.

Con sus modales suaves pero firmes, sus palabras de aliento, su presencia tranquilizadora, navegó en medio de la tormenta familiar.

Y fue un gran piloto.

Días después, en una ceremonia privada, el general Leopoldo Galtieri le entregó el sable.

Ninguno de los dos sabía lo que le iba a pasar al joven oficial poco tiempo después.

Porque tres meses más tarde se lanzaba el Operativo Rosario, se recuperaban las Islas Malvinas para la Patria y la Argentina se conmovía como nunca antes en sus últimos ciento cincuenta años de vida.

Mientras los argentinos se congregaban en Plaza de Mayo para apoyar a la empresa, el Ejército entero se movilizaba.

Por eso Silva, destinado en el Regimiento de Infantería 4 de Monte Caseros, se comenzó a preparar para ir al sur primero, y luego para cruzar a las Islas.

Llegaron a Comodoro Rivadavia, luego a Río Gallegos, más tarde a las Malvinas.

La primera noche en Puerto Argentino, la siguiente al norte del aeropuerto, en la península de Freycinet, para dar la temprana alarma de algún posible ataque por mar.

En medio de todo el traqueteo, Silva se mantenía preocupado por sus soldados.

Hacía todo lo que podía por mantenerlos bien física y espiritualmente.

Rezaba, consolaba, apoyaba.

Porque todo era una larga espera en la que había lugar para el miedo y la incertidumbre.

Mientras esto ocurría, el avance inglés había tenido éxito.

Desembarcados el 21 de mayo en la Bahía de San Carlos, habían avanzado hacia Darwin y allí, pese a los esfuerzos de la Fuerza de Tareas Mercedes, habían vencido a los defensores.

En la noche del 28 de mayo se produjo el ataque inglés, en donde falleció el Teniente Estévez.

Al día siguiente, los argentinos se rendían y dejaban que los ingleses siguieran su curso hacia Puerto Argentino.

El despliegue invasor se dirigía, entonces, hacia el este de la Isla Soledad, y se enfrentaría con dos cordones defensivos: el primero, en la línea imaginaria que unía de norte a sur, Monte Longdon, Dos Hermanas, Goat Ridge y Harriet.

Más al este, el siguiente, que se articulaba en la misma dirección: Wireless Ridge, Tumbledown, Williams y Sapper Hill, todas pequeñas elevaciones que daban su espalda a Puerto Ar­gentino.

En la primera de las posiciones nombradas estuvo el Subteniente Silva.

Llegó el 8 de junio y pasó a cumplir la misión de patrullar Goat Ridge de noche, mientras que de día debía ocupar espacio en la zona oeste del Dos Hermanas, junto a la sección del Subteniente Llambías Pravaz, un oficial un año más moderno que Oscar y que ya había tenido escaramuzas que le daban aire de veterano de guerra.

Nuestro héroe venía de la tranquilidad de la vigilancia en la península de Freycinet y pasó, de la noche a la mañana, a cumplir agotadoras jornadas de patrullaje en las zonas nombradas.

Pero nada logró bajar su ánimo.

Al contrario, ahora era el puntal también para Llambías quien, al encontrarse con un militar más antiguo, descansó un poco su responsabilidad en él.

Y de nuevo “el sapo” desplegó su mejor cualidad: la bonhomía.

Por otro lado, ya esperaban un ataque, porque tenían noticias de la caída de Darwin y entendían que, si el desembarco había sido al oeste de la Isla Soledad, ahora tendrían que venir en dirección a donde se encontraban ellos.

Cuando en la noche del 10 al 11 de junio, el Regimiento 3 de Paracaidistas británico atacó Monte Longdon; el Comando 42 de la Real Infantería de Marina hizo lo mismo contra Monte Harriet y el Comando 45 de la Real Infantería de Mari­na se dispuso a combatir hacia Dos Hermanas, nadie se sorprendió.

Por eso no les fue fácil.

En este último par de elevaciones (Silva patrullaba Goat Ridge de noche) Llambías resistió con su sección.

Cerca de allí, la actitud del regimiento fue heroica.

Muere el Teniente Martella y, uno tras otro, caen heridos (entre los jefes) los Subtenientes Nazer, Mosquera y Pérez Grandi.

En medio de la confusa noche, con los hombres que puede, Llambías se replegó y se encontró casualmente con Silva.

Juntos y con los últimos hombres de ambas secciones, se replegaron hacia el segundo cordón defensivo de Puerto Argentino.

Los ingleses avanzaron, pero a costa de mucha sangre propia.

Por eso, al día siguiente, se vieron obligados a descansar.

Así, mientras los argentinos se reacomodaban en la línea ya muy cercana a la capital de las islas, los invasores se sobrepasaban y dejaban en primera línea a las tropas frescas del Regimiento de Paracaidistas 2 (en dirección a Wireless Ridge) y los Guardias Escoceses y los Gurkhas (contra Tumbledown y Williams).

Mientras tanto, Silva no perdía la calma, como nunca lo hacía, pero demostraba algo de impaciencia por entrar en combate.

No lo había podido hacer en la noche anterior, porque su misión lo alejó del mismo.

Pero tenía su alma estremecida por la espera del momento de hacer la guerra.

Siempre sin perder la magnanimidad en su trato con sus soldados y subalternos, a quienes seguía consolando y acompañando; animando y conduciendo.

Pudiendo replegarse a la ciudad para evitar el combate, el patriota hizo lo que debía hacer: pedir un puesto de combate en la defensa y quedarse con todos los soldados de su sección que estaban en condiciones de hacerlo.

Lo ubicaron en la fracción del Teniente de Corbeta Vázquez, dentro de las tropas del Batallón de Infantería 5, y desde allí se preparó para el combate final.

Con la oscuridad del 13 de junio comenzó el ataque inglés.

Paracaidistas, Guardias escoceses y Gurkhas chocaron contra la última resistencia argentina.

Todo el poderío invasor se desató con su violencia y eficacia.

Los argentinos resistían y mataban, los atacantes morían y volvían a aparecer como si nunca perecieran.

Las posiciones fueron rodeadas, desgastadas, debilitadas por el fuego de artillería, lentamente, con mucho esfuerzo.

En el medio de todo ello, Oscar Silva había entendido que era su final.

Ordenó, disparó, condujo a sus soldados, los animó permanentemente.

Era un torbellino que no podía parar hasta encontrarse en el momento con el que había soñado toda su vida: el del máximo sacrificio por la Patria.

Usó un arma, otra y otra.

De pronto, se quedó sin munición.

Miró alrededor.

Vio a un soldado muerto con un fusil pesado a su costado.

Saltó a esa posición.

Lo tomó y decidió no separarse más de él.

Volvió a la suya y siguió disparando.

En eso, sintió algo caliente cerca de su cintura y comenzó a formarse un manchón rojo sobre su uniforme de combate.

Luego, lo mismo, pero cerca de su hombro.

Tocó su sangre y se aferró aún más a su arma.

En su entorno, los soldados fueron muriendo uno a uno.

Pareció quedarse solo.

Pero no era así, pues Dios estaba con él.

Y el FAP, que era su compañía en el último instante.

Era su “novia” como le decían en el Colegio Militar.

Cayó.

Con mucho esfuerzo, se incorporó a medias y ordenó a todos que se retirasen.

Él tenía con qué proteger el repliegue.

El enemigo siguió avanzando.

Juntó fuerzas, disparó el arma que tenía tomada con una sola mano, apoyando a los que se retiraban.

Alcanzó a gritar: ¡Viva la Patria carajo!

Y el bramido se escuchó desde Puerto Argentino… hasta el Cielo.

Finalmente, en Monte Tumbledown, la Poesía se convirtió en Historia y el cadáver del Subteniente Oscar Augusto Silva fue el estandarte soberano que flameó para siempre sobre nuestra tierra.

1) Se trataba de Antonio Caponnetto, quien por entonces dictó durante varios años un exitoso Curso de Historia Política Argentina, al que concurrió el entonces cadete, Oscar Augusto Silva.

Alberto Mansilla

martes, 13 de julio de 2010

YO VI MORIR A NUESTRO QUERIDO TENIENTE ESTEVEZ

Sergio Daniel Rodríguez ex-soldado conscripto

Pertenezco a la clase 63 e ingresé en febrero de 1982 en el Regimiento de Infantería 25, que tiene asiento en la localidad de Sarmiento, provincia del Chubut.

A poco de haber llegado, los que teníamos estudios fuimos separados del resto de los soldados conscriptos.

Yo estaba cursando la carrera de analista de sistemas en el primer año; me ubicaron en la sección de aspirantes.

El Teniente Roberto Néstor Estévez, quien posteriormente dejaría un recuerdo imborrable en todos nosotros, fue el que nos seleccionó personalmente uno a uno.

Comenzó una instrucción, que no vacilo en calificar de dura y severa, hasta el 24 de marzo a cargo de Estévez, que pertenecía el grupo de Comandos, y su segundo jefe de sección, el Cabo Primero Faustino Olmos, también de esa misma especialidad.

La instrucción era diurna y nocturna con todo tipo de armamentos, teorica–práctica, y estaba destinada solamente a este grupo seleccionado, que yo, gracias a Dios, tuve la suerte de integrar.

Debo añadir que esta instrucción fue altamente valiosa a la hora del combate y Estévez, un jefe calificado que no sólo se preocupaba por nuestro estado físico sino también por nuestra espiritualidad, no cesaba de darnos ánimo y valor con sus propios gestos personales.

Les cuento un ejemplo:

Allá, en el sur, hay unos pastos ásperos y filosos llamados coirones y durante nuestros habituales “cuerpo a tierra” y posteriores deslizamientos, tratábamos de evitarlos.

Al darse cuenta de esto, Estévez hizo él mismo el ejercicio, sin importarle las lastimaduras que tales matas le ocasionaron, y luego nos dijo:

“Si están en pleno combate, no van a tener tiempo de bordearlos, la guerra es así”.

Este tipo de ejemplos estaban muy a tono con su naturaleza de persona de una alta moral, ética y honor.

Y sólo tenía 24 años.

Nosotros, los AOR (Aspirantes a Oficiales de Reserva) en la mitad de la noche, más de una vez fuimos levantados y nos hacían salir a correr sorpresivamente bajo fina lluvia o nevizca, sólo vestidos con pantaloncitos cortos y ballenera (remera de manga corta).

Y como decía Nietzsche, lo que no te mata te fortifica.

Ese fue nuestro caso.

Del inicial grupo escogido, cuarenta y cinco, quedamos cuarenta.

Y esos cuarenta fuimos a Malvinas.

Aquel inolvidable 2 de abril nos tocó desembarcar al mediodía y nos sentíamos muy orgullosos en razón de pertenecer al único elemento del Ejército que participó de la operación de neto corte aeronaval en aquel momento.

A bordo del Almirante Irizar fuimos partícipes de una tocante ceremonia que nos concernía de un modo muy especial.

Como no habíamos tenido tiempo de jurar la bandera se organizó para nosotros una jura de nuestra enseña nacional, que tuvo el carácter de provisoria y levantó nuestro orgullo hacia las nubes.

Y ahí nos enteramos de que íbamos a Malvinas.

Puedo afirmar que, entre lágrimas y abrazos, ahí mismo se terminó de consolidar nuestro grupo.

Estuvimos brevemente en Puerto Argentino y luego, a bordo del barco Isla de los Estados fuimos enviados a Darwin con el objetivo de tomarlo.

Nuestro grupo de AOR era parte de la Compañía C, formada por tres secciones, Gato, Bote (la de Estévez) y Romeo, a cargo de Gómez Centurión.

Entre el 4 y 5 de abril nos asentamos en Darwin y comenzamos nuestras tareas de limpieza, minado y excavación de “pozos de zorro” y puestos de ametralladora.

Nuestro jefe directo era Estévez y el jefe de la compañía, el Teniente Primero Daniel Esteban. Yo era tirador de MAG (ametralladora pesada) y fui elegido para eso debido a mi buena puntería en aquellos ejercicios anteriores en Chubut.

Disponíamos de 2 MAG, 2 lanzacohetes y fusiles FAP y FAL.

Nuestra base de operaciones era una escuela kelper construida íntegramente de madera, que constaba de dos pisos; ahí estaba ubicada la compañía C.

Recuerdo que, faltando algo de raciones, algunos oficiales y suboficiales se fueron a cazar avutardas y durante tres días esos pajarracos fueron parte distinguida de nuestro menú.

Disponíamos de un buen equipo de abrigo, muchas medias de recambio y guantes que nos protegían manos y pies del frío.

El 1º de mayo, a las 8 de la mañana, los Harrier ingleses atacaron a los Pucará estacionados en el aeropuerto de Darwin.

Nosotros estábamos ubicados a unos 500 metros del aeropuerto y vimos perfectamente todo.

Darwin es un caserío, una especie de pequeña bahía, todo bastante plano geográficamente hablando.

Luego del ataque abandonamos la escuela y nos instalamos en nuestros “pozos de zorro”.

De ahí en más, el agua y el frío fueron nuestros íntimos compañeros.

Recuerdo que rezábamos al levantarnos y al acostarnos.

En los respiros que nos daban los desayunos hablábamos de nuestras respectivas familias y el hecho histórico y singular que estábamos protagonizando.

Todas esas cosas no hacían más que reforzar la alta moral que, inculcada por la labor encomiable de Estévez, existía en el grupo.

Debo añadir que el día 24 de abril hicimos nuestro juramento oficial a la bandera en suelo malvinense, privilegio que, creo, nadie lo tuvo.

La compañía se dividió. Rumbo a San Carlos marcharon Esteban y los suyos al caserío de Darwin, Gómez Centurión con su gente y nosotros quedamos en nuestros “pozos de zorro” a cargo de Estévez.

Y permanecimos en aquel sitio hasta el 27 de mayo, momento en que el Teniente Coronel Piaggi le ordenó a Estévez que debíamos marchar hacia la primera línea de combate, debido a que los ingleses, que habían desembarcado en San Carlos el 1º de mayo, avanzaban hacia Darwin y ya se habían producido enfrentamientos con efectivos del Regimiento de Infantería 12.

Según nos testimonió el capellán militar padre Mora, al recibir la orden, Estévez se puso contento.

“Era lo que estaba esperando”, dijo. A las 2 de la madrugada del 28 de mayo llegamos a Boca House (Casa Boca), sitio cercano al cementerio de Darwin que ya era zona de combate.

Al hacerlo, nos cruzamos con gente del Regimiento 12, a cargo del Subteniente Peluffo, que venía de combatir.

Estévez nos hizo desplegar en abanico y quedamos distribuidos allí.

Luego, a la derecha del abanico, entró en contacto con el enemigo y nosotros, que aún no estábamos en las posiciones que debíamos ocupar, según las órdenes recibidas, nos unimos con los del 12 para permitirles un respiro pues, mientras ellos se replegaron, nosotros contraatacamos.

Al hacerlo, chocamos con la compañía A del batallón de paracaidistas ingleses, que tenía unos ciento cincuenta efectivos y estaban muy bien armados.

Se peleó muy duro, sin dar ni pedir cuartel, en un combate que desde las 5 de la mañana se prolongó hasta casi las 10.

Fueron casi cinco horas de auténtica estadía en el infierno.

Nosotros efectuamos tres repliegues y sucesivos contraataques.

Ellos tenían apoyos de las fragatas que estaban en San Carlos y de artillería, combinada con los Blowpipe (misiles antiaéreos) que barrían el terreno.

La disparidad de fuerzas era abrumadora a favor del enemigo.

Al hablar de lo que fue ese combate, recuerdo las balas trazantes que iluminaban la oscuridad, los morterazos, los gritos de dolor y de furia con que unos a otros nos animábamos.

Debido a la elevada preparación física-espiritual con que contábamos, durante el combate estábamos calmos, tranquilos.

La angustia previa al choque con el enemigo nos había tenido nerviosos, pero ahora, en plena lucha, las cosas se revelaban tan simples como terribles.

Y en la sencillez del “matar o morir” todo estaba resumido.
Yo estaba a cargo de una de las dos MAG que teníamos y Zabala, otro soldado conscripto, era mi cargador de municiones.

Desde nuestro puesto disparaba a todo lo que veía o creía ver frente a mí.

De pronto, un proyectil de mortero cayó muy cerca de nosotros.

El pobre Zabala recibió de lleno las esquirlas y murió en el acto.

Yo recibí impactos de esquirlas en el perineal izquierdo.

Recuerdo que antes de perder la lucidez, atontado por la onda explosiva, le pedí a Dios que no me dejara morir allí.

Realmente no sé cuánto tiempo estuve inconsciente o atontado.

Luego, sin soltar mi MAG, me arrastré hasta un pozo cercano mientras sentía la tibieza de la sangre en mi piel y no sabía cuán herido estaba.

Me zambullí en el pozo y encontré que allí había soldados del 12.

Ese pozo era como tener una butaca para contemplar el infierno.

El Cabo Castro había intentado llegar también al pozo donde yo estaba cuando un proyectil de fósforo lo alcanzó y lo envolvió, convirtiéndolo en una antorcha humana.

Oíamos sus gritos desgarradores.

El pobre decía: “¡Rodríguez, máteme!”- gritaba mientras se quemaba vivo.

A Romero, otro soldado que estaba allí, le gritó lo mismo, pero nadie se atrevió a dispararle y terminar con su agonía.

Un rato después no escuchamos más su voz; que Dios lo tenga en la gloria.

Y llego en mi relato a lo que considero el instante supremo del combate, desde mi situación personal por supuesto.

No hay que olvidar que en medio de ese caos del combate muchos estaban sufriendo experiencias únicas e indelebles.

La que les narro a continuación fue la mía:

El Teniente Estévez estaba recorriendo las posiciones, gritando órdenes a derecha e izquierda, todo esto, repito, bajo el terrible fuego enemigo.

Al salir del pozo contiguo al mío recibió dos balazos en el brazo y pierna izquierda, respectivamente.

Tambaleándose, llegó al pozo donde yo me encontraba.

Este valeroso oficial, sin preocuparse de sus propias heridas, me preguntó por las mías, pues yo estaba ensangrentado.

Le contesté que podía arreglármelas.

Estévez tomó un FAL y comenzó a disparar; luego, por radio estuvo dando nuevas órdenes.

Mi MAG la tomó otro soldado del 12 y abrió fuego contra el enemigo.

Ese soldado recibió un balazo en la cabeza, obra de francotiradores –los que mayores bajas causaron en nuestra dotación– y cayó muerto.

Éramos cinco en el pozo en ese momento.

Comenzamos a soportar fuego directo de morteros y las cercanas explosiones de los proyectiles que caían nos arrojaban lluvia de tierra sobre nuestras cabezas.

Estévez, lo repito, sin importarle sus heridas, tomó el casco del soldado muerto del 12 y me lo colocó en la cabeza para protegerme, ya que nosotros usábamos boinas verdes y eso no protege nada ante una bala o una esquirla.

En ese momento recibió un nuevo balazo en el pómulo derecho y se desplomó pesadamente a mi lado.

Tratamos de auxiliarlo y le oímos decir algo, que nadie entendió, y luego expiro.

Como estaba cargado de granadas, cualquier proyectil podía impactarlas y volarnos a todos, se las quitamos y sacamos el cuerpo fuera del pozo.

Luego, afuera, su cuerpo de héroe recibió numerosos balazos más, quedó casi irreconocible y la prueba de esto es que luego del combate lo reconocieron por la manera especial que tenía, como lo hacen los comandos, de atarse los cordones de los borceguíes.

Tomé la radio y después de algunos intentos logré comunicarme con el Teniente Coronel Piaggi y le informé que Bote (nombre clave de Estévez) estaba muerto. Le pedí instrucciones.

“Esperen y aguanten hasta que lleguen los Pucará de apoyo”- me contestó.

Los Pucará nunca llegaron.

Entretanto, los ingleses habían logrado tomar las alturas y desde allí su fuego nos estaba acribillando.

El Subteniente Peluffo, para evitar un inútil derramamiento de sangre, ya que habíamos agotado todas nuestras municiones, alzó la bandera blanca y todo terminó para nosotros.

Recuerdo que en nuestras posiciones los muchachos se pusieron a fumar o comer chocolates y caramelos, embargados de una total tranquilidad y satisfacción por haberse batido como bravos.

Al tomarnos, nos registraron como prisioneros y los ingleses descubrieron que teníamos ocultos cuchillos y “ahorcadores” (tanzas usadas para estrangular) y algunos recuerdos de tropas británicas que habíamos conseguido después de desembarcar.

Eso, más que nada, los hizo entrar en furia y nos golpearon.

A mí, que estaba herido en el suelo, tendido sobre un chapón, me propinaron un puntapié.

La noche del 28 nos efectuaron los primeros auxilios.

El Soldado Giraudo, que fue herido cumpliendo funciones de estafeta bajo el fuego enemigo, falleció esa noche.

Sé que todos mis compañeros caídos, con el Teniente Estévez a la cabeza, deben estar ahora en el paraíso brutal de los valientes.

Y vaya mi recuerdo sincero y emocionado para todos ellos.

Prosigo con mi relato.

A la mañana siguiente – era el 29 de mayo– nos llevaron a un hospital de campaña en San Carlos y allí me efectuaron dos operaciones, una colostomía (ano contra natura) y una operación de búsqueda en el interior de mi cuerpo, tratando de localizar fragmentos de proyectil.

Posteriormente, cirujanos argentinos me hicieron otras cuatro operaciones. Estando internado, un compañero me relató que Gómez Centurión y un grupo de prisioneros intentaron fugarse para regresar a nuestras líneas, pero no pudieron lograrlo.

Luego fui trasladado al buque hospital Uganda y ahí un capellán inglés, que hablaba un perfecto castellano, me dijo:

“La guerra se terminó para vos”.

Antes de que me trasladaran al Bahía Paraíso, el 5 y 6 de junio debí soportar, como todos mis compañeros, el interrogatorio de la inteligencia inglesa.

El hecho de tener prisioneros “boinas verdes” en San Carlos y Darwin y la enconada resistencia que les opusimos les hacía no creer que cincuenta efectivos con sólo dos MAG, dos lanzacohetes y fusiles, hubieran podido detener a toda una compañía de tropas altamente especializadas, obligándolas a replegarse tres veces durante aquellas cinco horas infernales.

Así fue, ciertamente, el combate de Goose Green o Pradera del Ganso.

Algunos pocos soldados del 8 y del 12 y nuestra sección AOR dio material al jefe del comando inglés, Brigadier Mayor Julian Thompson, que en su libro No pic-nic describió la dureza de esta batalla que retrasó considerablemente los planes ingleses de tomar Darwin.

También supe que en otra acción durante el 29, el Teniente Coronel Jones, Jefe del Batallón de paracaidistas ingleses, murió en un choque con las fuerzas de la sección Romeo, a cargo del Subteniente Gómez Centurión.
El regreso

El 7 de junio desembarqué en Puerto Belgrano y permanecí internado en el hospital naval por seis meses, afrontando, como ya dije, cuatro operaciones más. Aquel maravilloso grupo formado por el Teniente Estévez aún perdura.

Entre agosto y octubre de cada año solemos reunirnos en comidas de camaradería donde abundan los recuerdos, las emociones y por qué no alguna que otra lágrima furtiva.

A pesar de todas las penurias sufridas, he logrado rescatar lo positivo que hubo y que fue mucho.

Quien tiene a la muerte cara a cara no deja, después de esos momentos, de mirar la vida de otra forma, la jerarquiza y trata de darle el más valioso y noble de los sentidos, el del amor a la familia, el trabajo, el estudio, la responsabilidad y el respeto.

El haber tenido el privilegio de estar junto a hombres de la talla del Teniente Estévez, que se convirtió en un modelo a seguir en mi vida, es algo que me ha marcado a fuego y que jamás olvidaré.

Malvinas fue un punto de inflexión en nuestra historia.

Nada será igual después de eso.

Ojalá todos los argentinos nos encolumnemos tras el objetivo de recuperarlas, esta vez siguiendo los caminos de la diplomacia, el respeto mutuo y la paz.

En lo personal, me he propuesto rastrear, investigar, profundizar para rescatar del olvido a esos héroes y sus ejemplos, cosa que noto está faltando en la actual sociedad argentina.

Los conceptos de patria, probidad, honor, moral, ética, sustentados con la propia vida, estrella polar de los que cayeron en el Atlántico Sur, no deben caer jamás en saco roto.

A las nuevas generaciones debemos hacerles conocer quiénes fuimos los que padecimos y luchamos y que ahora tenemos una edad de alrededor de cuarenta años; nosotros comenzamos a ser los nuevos dirigentes de este ciclo.

Dios quiera que sepamos volcar nuestras experiencias para construir una Argentina mejor.

Deseo volver a Malvinas, detenerme ante la tumba del Teniente Estévez y las de mis compañeros caídos.

Quiero volver a cierta ruta natural donde junto al Padre Mora emplazamos la imagen de la Virgen, ante la que teníamos misa por las mañanas.

Quiero volver a rezar allí por el alma de los vivos y los muertos y agradecerle por haberme preservado.

Y pedirle fuerza y conciencia para que mi vida no sea inútil sino provechosa para quienes me rodean, mi comunidad y mi familia.

viernes, 9 de julio de 2010

EL SILENCIO NO ES SALUD

En el día de hoy se cumplen 194 años de la Independencia de la República Argentina.

Creo que la importancia de la fecha excede largamente el "fin de semana largo" y que merece algunas consideraciones al respecto.

Ante todo, la noción de independencia parte de que en teoría nuestro país sería independiente de las potencias europeas que han avasallado en reiteradas oportunidades al territorio nacional.

La realidad nos lleva reflexionar que pese a los 194 años de historia como país independiente no ha habido importantes avances en lograr la declamada "autodeterminación" como "nación libre, justa y soberana".

Esta actitud, inducida culturalmente por muchos gobiernos ha degradado las fechas patrias hasta convertirlas solamente en un evento escolar digno de ser cubierto por las revistas que uno accedía cuando era niño.

Nuestros gobernantes deben comprender que la independencia no se declama, se la ejerce. Y se la ejerce garantizando la plenitud de los derechos constitucionales para todos los ciudadanos.

Es absolutamente intolerable que entrado el siglo XXI todavía se siga hostigando y persiguiendo a los que alzamos nuestra voz para defender los derechos civiles de un sector de la sociedad argentina.

Les guste o no les guste a ciertas personas que viven y gobiernan como si estuvieramos en la Argentina lopezrreguista de la década del setenta, quien escribe estas líneas lucha por el reconocimiento moral e histórico de todos los soldados que estuvimos defendiendo a la soberanía nacional desplegados en el Territorio Continental Argentino entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982.

Defender a la Patria no es una serie de palabras huecas, como si fueran las burdas promesas incumplidas de nuestros dirigentes en las campañas electorales.

La Patria es un concepto mucho más amplio que tal o cual coyuntura política, puesto que es el territorio donde una comunidad se desarrolla histórica, cultural y económicamente.Y la defensa de nuestro territorio nacional es la protección de nuestros seres queridos y de todo lo que nuestros antecesores han construido con su sacrificio y esfuerzo.

Lamentablemente, nuestra Patria se ha visto asolada por diversos sectores políticos o empresariales que en varias etapas históricas han llegado legal o ilegalmente al poder y que entran en un delirante estado de intoxicación y actúan como si fueran los creadores y dueños de la Nación Argentina.

En ese momento, todas las ideologías, proyectos y programas se igualan hacia abajo puesto que el gobernante se convierte en "sistema" y adopta una postura "conservadora" en el sentido más perverso del término.

Aquí no se habla de un "conservadurismo" político, me refiero a un conservadurismo retrógrado y anquilosado ejercido como una herramienta de poder para que nada cambie.

Y para preservar el status quo nace la necesidad de que los detentadores del mando deben ser reelectos en forma indefinida o se ven obligados a preparar a sus "delfines" para que sigan con el mandato para conservar sus privilegios y detener la lógica evolución de la estructura social.

Y en muchos casos, porque no pueden hacerle frente a los reclamos de la ciudadanía, no han dudado en aplicar el poder para acallar por medio de la violencia y la intimidación a todas aquellas voces que resultan inconvenientes para el gobierno de turno.

En este caso la presión se instrumenta por medio de la intimidación, la amenaza, las listas negras, o la abierta exclusión del sistema laboral para impedir el lógico desarrollo de un individuo y su plena inserción social.

Hace no tantos años, la sociedad argentina ha llegado a su máximo punto de intolerancia cuando avaló con su silencio cómplice las barbaridades cometidas por la dictadura militar la cual instaló uno de los sistemas represivos más brutales del siglo XX con la instauración del "terrorismo de estado" para aniquilar cualquier tipo de resistencia contra el sistema conservador imperante.

Pese a las sentencias de la Justicia Federal que han condenado a los oficiales de las fuerzas armadas argentinas a duras penas de prisión por los crímenes de lesa humanidad, ha sido una justicia incompleta puesto que aquí solamente se ha castigado al brazo ejecutor de las barbaridades cometidas en los campos de exterminio.

Todavía siguen impunes los sectores sociales minoritarios y reaccionarios que indujeron a la cúpula de las Fuerzas Armadas a tomar por asalto al poder y que no dudaron en vulnerar las instituciones democráticas el 24 de marzo de 1976 para imponer un régimen conservador que sería mantenido a sangre y fuego hasta después del conflicto de Malvinas.

No nos engañemos de que hasta el cadete de la Casa Rosada durante la dictadura tenía rango militar y que la Junta Militar aterrizó en un plato volador sobre el helipuerto de la Casa Rosada para sojuzgar a toda la ciudadanía.

Hubo una gran cantidad de civiles que formaron parte de este proceso bestial y sangriento que terminó llevando a la muerte a muchos argentinos.

Y estos personajes son los que incentivaron a los crímenes de lesa humanidad que ocurrieron en los centros ilegales de detención.

En consecuencia, por eso tienen la misma responsabilidad penal que aquellas bestias humanas que asesinaban, robaban, violaban y torturaban en los centros clandestinos de detención.

Esta incentivación fue hecha para mantener el "status conservador" de que nada cambie y que todo ciudadano que intente "cambiar" las cosas debería pagar con su vida el haber desafiado a un sistema que tiene como eje principal el fomentar las desigualdades sociales para enriquecer a determinados sectores de privilegio.

Y ese sistema fue el que nos llevó a la humillante derrota en la guerra por nuestras Islas Malvinas.

Es más, con estudiar sociológicamente a las de tropas fueron desplegadas en el archipiélago se puede hacer un manual sobre la lucha de clases argentinas.

Durante muchos años, las unidades dependientes del Primer Cuerpo de Ejército con sede en la Guarnición Militar Buenos Aires fueron las unidades de privilegio del Ejército Argentino.

Estas fuerzas contaban con los mejores equipos militares para afrontar cualquier tipo de tarea castrense, cosa que no pasaba con las guarniciones del interior de nuestra Patria.

Si vemos el organigrama de la fuerza terrestre desplegada en nuestras Islas Malvinas nos encontramos que el núcleo del Ejército Argentino consistió en la movilización de la Décima Brigada de Infantería Mecanizada con asiento en La Plata.

Y alrededor de la "X° Brigada" se reforzó a la guarnición militar de nuestras Islas Malvinas con soldados provenientes del norte del País, como el RI4 de Monte Caseros (la unidad de los Indios Bravos "Avá-Ñaró" de mi querido amigo Pablo Vicente Córdoba) y con diversas unidades que provenían del interior profundo de nuestra querida Argentina.

Tampoco hubo mucha coherencia por parte de los mandos militares, ya que el grueso de las tropas argentinas eran los soldados que fuimos reclutados por medio del derogado Servicio Militar Obligatorio que haciendo uso de una norma constitucional (usada por una dictadura que había sojuzgado a las instituciones democráticas) obligaba a los ciudadanos a la defensa de la Patria.

Como estábamos bajo mando militar en una tiranía, fuimos desplegados caprichosamente a lo largo y a lo ancho de las fronteras argentinas.

Ya sea en La Quiaca como en Ushuaia sin dar ningún tipo de explicaciones. De la misma manera que se seleccionó a los soldados que fueron movilizados a nuestras Islas Malvinas.

Son los responsables del régimen los que decidieron quien se despliega en el archipiélago y quién no.

Aquí no hubo el libre albedrío para ocupar tal o cual puesto de combate. Directamente se cumplía con lo que determinaba "la superioridad".

De hecho, la gran mayoría de los soldados que le pusimos el cuerpo al conflicto del Atlántico Sur fuimos los soldados conscriptos que estábamos bajo bandera o que fueron reincorporados conforme a las órdenes emanadas por la Junta Militar.

Los "señores de la vida y de la muerte" que habían "liberado" a nuestro país del "yugo marxista" y del "régimen peronista" para mantener a sangre y fuego los privilegios de ciertos grupos sociales rara vez aparecieron durante el conflicto armado de 1982 contra el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

La gran mayoría de los represores prefirió disfrutar del confort de sus flamantes hogares porteños y usufructuar de los privilegios brindados por el sistema conservador por haber contribuído con su brutalidad a la perpetuidad del régimen militar.

Total, el enfrentamiento con las tropas británicas iba a ser soportado por los ciudadanos reclutados por el Servicio Militar Obligatorio que provenían de diversos sectores del país.

Esta canallada, también incentivada por los sectores que no quieren que nada cambie, no solamente fue avalada por las Fuerzas Armadas.

Sino que con la caída del régimen militar los mismos sectores sociales discriminaron y condenaron al silencio a todos los que tuvimos que ver con el conflicto armado de 1982.

Nuestro crímen había sido perder una guerra y que por eso debíamos afrontar la eterna condena del perdedor social y el desprecio absoluto de los sectores que habían apuntalado a una dictadura vanidosa, cleptómana y sangrienta.

Y el peor castigo al que nos han sometido es el silencio, porque como culturalmente impusieron los comunicadores sociales de la dictadura "el silencio es salud" con el dedito autoritario de esa enfermera que coloca la falange sobre sus labios en un gesto imperativo que marcaría una época en nuestra cultura.

Esta actitud represiva le costó a nuestro país la muerte de más soldados que los que fallecieron durante el conflicto armado de 1982.

Por eso, ha llegado la hora de levantar la voz y de denunciar públicamente que en un país que se dice soberano y que ha adoptado el sistema de gobierno democrático, o sea que elige libremente a sus gobernantes por medio del sufragio universal, sigue violando los derechos humanos de los ex-soldados que defendimos al Territorio Continental Argentino a lo largo y a lo ancho de las fronteras de la Patria entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982.

Y es así, puesto que los ex-soldados nos encontramos comprendidos dentro de las leyes internacionales. Entre otros convenios, la República Argentina viola la Convención de Ginebra cuyo Protocolo I, Sección II, Artículo 43 dice:Sección II - Estatuto de combatiente y de prisionero de guerraArtículo 43

- Fuerzas armadas

1. Las fuerzas armadas de una Parte en conflicto se componen de todas las fuerzas, grupos y unidades armados y organizados, colocados bajo un mando responsable de la conducta de sus subordinados ante esa Parte, aun cuando ésta esté representada por un gobierno o por una autoridad no reconocidos por una Parte adversa.

Tales fuerzas armadas deberán estar sometidas a un régimen de disciplina interna que haga cumplir, inter alia, las normas de derecho internacional aplicables en los conflictos armados.

2. Los miembros de las fuerzas armadas de una Parte en conflicto (salvo aquellos que formen parte del personal sanitario y religioso a que se refiere el artículo 33 del III Convenio) son combatientes, es decir, tienen derecho a participar directamente en las hostilidades.

3. Siempre que una Parte en conflicto incorpore a sus fuerzas armadas un organismo paramilitar o un servicio armado encargado de velar por el orden público, deberá notificarlo a las otras Partes en conflicto.

Por eso, en el día de nuestra independencia nacional, considero que el mejor recordatorio para el nacimiento de nuestra Patria es alzar la voz para decir que sigue siendo una deuda moral e histórica por parte de la República Argentina la falta de reconocimiento moral e histórico para los ex-soldados que defendimos al Territorio Continental Argentino entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982 sin ningún tipo de discriminación geográfica o política.

Y que su negación constante, sigue siendo un acto absolutamente autoritario que solamente puede ser interpretado como una complaciente colaboración con los sectores más recalcitrantes y conservadores de la vida política argentina.

Aquellos que no dudaron en mandar a la muerte a miles de argentinos para que unos pocos sigan conservando sus privilegios construidos sobre la memoria de decenas de compatriotas que han dejado sus vidas o su salud para defender a la integridad de nuestra Patria o para intentar que algo cambie.

Cuando la República Argentina reconozca a los ex-soldados que defendimos al territorio nacional durante la gesta de Malvinas, podrá decir ante las naciones del mundo que es un país independiente y una nación que respeta plenamente las leyes internacionales.

Además podrá decirle al mundo que es una nación que se ha independizado del un conservadurismo hipócrita que ha demostrado a lo largo de la historia argentina que es capaz de violar los derechos humanos más fundamentales para impedir que algo cambie.

El mismo conservadurismo que nos ha condenado al silencio eterno por haber perdido una guerra y que nos llevara como carne de cañón descartable a los cuatro puntos cardinales de nuestra Patria.

Como ha llegado la hora de que esto cambie, creo que ha llegado el momento de decir basta y que la sociedad argentina comprenda que el silencio no es salud.


Jorge Adrián Rudi
Ex-soldado clase 1963

jueves, 8 de julio de 2010

EN MEMORIA DE LOS MUERTOS EN COMBATE

Desde la Tierra del Fuego, Invito a todos los integrantes de ese portal, a visitar esta presentación, de los Peregrinos en su travesía desde, Ushuaia Tierra del Fuego

Hasta Punta Alta Pcia de Buenos Aires, con el unico objetivo, rezar el Santo Rosario en

memoria de Nuestros Camaradas, Muertos en Combate.

Desde ya agradeceré, Difusión de la misma
Mauricio Félix Ramos
Presidente Asociación Veteranos de Guerra Continentales Tierra del Fuego

Dar Click en el siguiente enlace para ver el video

http://www.youtube.com/watch?v=79i8kF5Oo9U